Guion: Felipe Hernández Cava.
Dibujo: Miguel Navia.
Páginas: 56.
Precio: 18 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2021.
Es curioso cómo funciona una mente creativa, y que historias como las que forman Disque Bleu, las cuatro que componen este libro, salgan del propio proceso de Estampas 1936 (aquí, su reseña), tal y como explica Felipe Hernández Cava en sus notas finales, en las que explica el trabajo con Miguel Navia. Madrid resuena, Tovarich filósofo, Chuco suave y Lover Man tienen características más o menos cercanas, una forma de narrar minuciosa e inteligente, en lo escrito y en lo dibujado, que hacen que su presencia en un mismo libro sea algo completamente natural. Sin necesidad de sentirlas como parte de un mismo universo, o de tener algún elemento que las haga conectar emocional o argumentalmente, se sienten como parte de un todo, más artístico y autoral que narrativo, pero brillante en cualquier caso. Son historias breves, eficaces para conectar con el lector en muy poco espacio de tiempo, meticulosamente creadas para lanzar no solo mensajes de enorme valía sino también la descripción de unos escenarios oprimidos, de guerra, de terror cotidiano o de miseria. Y sí, Disque Bleu también debemos entenderlo como un paso adelante en el trabajo de un dúo artístico que ya sabemos que funciona y al que, una vez más, da gusto leer, hasta el punto de que lo más negativo que podemos decir de este libro es que solo tenga cuatro historias y no una docena.
Hernández Cava se maneja muy bien en el ritmo pausado que tienen estos cuatro relatos, el que nace de una narración en cartuchos de texto continua, casi omnipresente, que es no solo la que nos da el contexto histórico de cada uno de los episodios sino también el mismo tono de la historia, el que persigue a sus protagonistas, a veces personajes reales de la Historia, a veces simples constructos de su imaginación para que encajen en una situación concreta. Y lo que resulta curioso es esa vinculación creativa que el escritor traza con Estampas 1936, de la que seguramente podría ser heredera de manera directa Madrid resuena por su escenario patrio, porque habla de la enorme versatilidad del escritor para adentrarse en escenarios que a priori nada tienen que ver entre sí y con el de la España de la Guerra Civil, sobre todo por situación geográfica, pero que encajen. Lo que hace Hernández Cava es una deliciosa exaltación del relato corto y de las bondades de escribir pensando en un escenario histórico distinto al nuestro, uno que exige un enorme trabajo previo que habitualmente luce más en historias más largas pero que en estas escasas páginas cobra vida con brillantez. No son historias alegres, más bien todo lo contrario. Y desde esa vía, invitaciones a la reflexión para comprender sus situaciones y a sus mismos protagonistas.
La manera en la que Navia entra en el juego que le propone el escritor es incluso todavía más notable. Su dibujo es preciso y meticuloso, está lleno de detalles, y evita el peligro de que parezca recargado con un realismo impresionante. El suyo es el retrato de épocas pasadas, y sin embargo logra que el lector entienda cada elemento como parte de una realidad palpable. El realismo se apoya también en los personajes, pero sobre todo en las atmósferas. Puede ser la de una calle en ruinas y bombardeada con la misma soltura que el despacho de un hombre poderoso o una estación de tren de claro sabor cinematográfico. Quizá esa sea otra de las claves del dibujo de Navia, que casi parece de celuloide, no solo por lo que dibuja sino también por una ambientación formidable, por la forma con la que juega con la iluminación y los colores, casi siempre apagados como parte esencial de lo que necesita una antología de estas características. Disque Bleu es breve, lo decíamos, y aún así su intensidad creativa y narrativa es gigantesca. Y seguramente no será una de esas obras que un lector cualquier destaca cuando se refiere a la trayectoria de un autor concreto, pero que sí sirve de una manera magistral para entender a Hernández Cava y Navia como narradores, y lo seguirá siendo con el paso de los años.
El único contenido extra es un epílogo de Felipe Hernández Cava con ilustraciones de Miguel Navia.
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