Título original: Mortadelo y Filemón. El armario del tiempo.
Director: Rafael Vera.
Reparto: José Martínez Blanco, Víctor Ramírez, José Moratalla, Joaquín Escola, Lola Cervantes, José María Cordero, Salvador Arias.
Guion: Valentín Domenech.
Música: Ramón Femenías
Duración: 78 minutos.
Estreno: 29 de noviembre de 1971 (España).
Mortadelo y Filemón tienen ya adaptaciones al cine en imagen real y en animación (aquí, su crítica) que tienen una etiqueta de definitivas, y quizá por eso retroceder la mirada basta 1971 para evaluar El armario del tiempo es una tarea algo complicada de lo habitual y, sobre todo, muy condicionada por esos referentes más actuales. Porque, claro, hablamos de un filme animado español, salido de una industria que no tenía en aquel momento los recursos ni los presupuestos de otras producciones con las que se no podría comparar, al menos a ojos del espectador. Su misma estructura es peculiar y significativa de lo que es y de lo que supone, pues es una película que está formada por siete cortometrajes. Y pesa sobre ella, incluso aunque no se quiera, que el propio Francisco Ibáñez no hablara demasiado bien de lo que supuso, aunque fuera después base para uno de sus álbumes, como se ha hecho con frecuencia con las películas estrenadas, por ejemplo con Jimmy el Cachondo (aquí, si crítica). Así que no, no es el mejor título que podemos ver para entender lo que significa los agentes secretos más conocidos del cómic español, pero no se puede negar que tiene ese encanto que hay en una versión que se despega de la literalidad y que, para bien y para mal, es producto de su tiempo.
Como se trata de dar a Mortadelo y Filemón una máquina del tiempo y del espacio, las posibilidades que tiene la premisa son casi infinitas, y si escoge unos lugares por delante de otros es seguramente porque fueron los primeros que vinieron a la mente de Rafael Vara, director, y Valentín Domenech, guionista, que no dudaron tampoco en alterar la dinámica fundamental de la serie con la introducción de un tercer protagonista. Se trata del profesor Chiflágoras, primo de Filemón e inventor del dichoso armario. La mencionada estructura de cortometrajes, estrenados previamente de forma individual los cinco primeros, hace que no haya mucha más trama en la película que el enredo que se quiera montar en cada momento, sea con el Yeti, con Napoleón o con el Conde Mácula, versión ibañizada del vampiro más famoso de la historia de la literatura. Más allá de los viajes, los golpes y mamporros y los habituales equívocos que permiten que Mortadelo muestre sus disfraces sin fin, la historia no tiene mucho más que rascar, ni por separado ni como ese algo artificial conjunto que supone la fusión de todos los cortos, algo que se nota claramente que se produjo por cuestiones económicas y para explotar comercialmente unos personajes de mucho éxito, que ya entonces, a comienzos de los 70, eran ya uno de los pilares claros del cómic español.
Vista hoy en día puede dar la sensación de que su animación es algo tosca y de poco movimiento, aunque en realidad depende de las secuencias, porque Vara encuentra algunas soluciones bastante imaginativas. En el diseño de los personajes principales se intenta mostrar un respeto reverencial y casi absoluto por los personajes de Ibáñez, aunque en loa secundarios da la sensación de que no haya tanta imaginación, al menos en algunos de ellos, en los que más sufren por la animación disponible, y el Yeti es seguramente el ejemplo más claro de esto. Aún así, la película se sostiene relativamente bien en su aspecto técnico, siempre y cuando tengamos en cuenta las condiciones de su creación, temporales y de ejecución, que definen muy bien la clase de producto que tenemos entre manos. No llega para que podamos considerarla como una adaptación excesivamente lograda de las criaturas de Ibáñez, y se entiende que el autor no quedara demasiado satisfecho con el resultado sobre todo en la reiteración de las soluciones que encuentran para resolver los conflictos, pero tiene sus momentos y, como decíamos, no deja de presumir del encanto de ser una versión primigenia de unos personajes que ya forman parte de la cultura popular del cómic español desde hace muchos, muchos años.
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