Guion: Javier Marquina.
Dibujo: Jaime Infante.
Páginas: 140.
Precio: 18 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2021.
Desde hace ya algún tiempo, venimos advirtiendo del sensacional trabajo que está haciendo Javier Marquina para redefinir el cómic de superhéroes a la española, lejos de las grandes editoriales, pero no está de más que nos demos cuenta de que, haciendo esto, está también enriqueciendo la ciencia ficción en general. Progenie va más bien por esa vía, demostrando una versatilidad y una perseverancia que son dignas de elogio. Pero aquí, además, consigue dos cosas más. La primera, que haya un mensaje feminista de fondo que es sutil, casi imperceptible en algunos momentos del relato, pero que va calando hasta llegar a su final. La segunda, que recupera un tono casi de fanzine de la mano de un brillante Jaime Infante con el que se gana un cariño inmediato de quienes recuerdan que hace no tanto tiempo el cómic no se nos servía en los tomos lujosamente encuadernados que adornan ahora mismo nuestras estanterías. Y de la mano de esas dos características, resulta casi inevitable pensar que Progenie es una muy buena historia de ciencia ficción, que sabe construir un mundo propio arrancando la sonrisa lógica cuando vemos que arranca desde nuestra propia pandemia presente en muchos sentidos y que tiene una ejecución brillante a la que podríamos atribuirle un cierto sabor ochentero pero que va más allá de sus referentes.
Marquina domina el género, eso es algo que ya podemos dar por obvio y sentado desde hace ya bastante tiempo. Por eso Progenie la tenemos que interpretar como una incorporación más a un universo personal que algún día nos confesará su autor si forma parte de la misma continuidad. Porque si no lo es, lo parece, y eso tiene mérito. Marquina no coge mundos, sino que imagina un universo, y que sus reglas no sean las mismas pero sí parezcan compatibles es fruto de tener una visión muy clara de lo que desea contar. Y en este caso es una de esas historias en femenino que encajan en el género con una elegancia tremenda. Y no solo elegancia, porque Progenie no es precisamente un baile de salón, sino también acción y violencia, en todos los sentidos no solo en el más gráfico que le sirve a Infante para que se luzca. No desvelaremos los secretos de su historia, porque es mucho mejor disfrutarlos mientras se pasan sus páginas, pero disfrutamos un grupo de élite formado por las mujeres más duras, en una misión que poco a poco todas ellas irán cuestionándose de diferentes maneras. Es una lucha por la supervivencia, y lo es de manera directa y también metafórica. Se lee en un suspiro, pero al acabar uno se da cuenta de que hay más capas de lo que pudiera parecer, incluso aunque su impacto inicial parezca menor que en otras obras de su autor.
Hemos elogiado el aspecto que tiene Progenie desde sus sensaciones más básicas, las que nos hablan de otra forma de hacer cómic, y es cierto que su ilustrador juega tan bien con las tintas marcadas en un blanco y negro tan poderoso que esa puede ser la primera razón para sentirse absorbido por su propuesta. Pero no es la única. Infante tiene la virtud de crear mundos con la misma facilidad de Marquina, e incluso sin un guion a la altura, que lo tiene, veríamos en Progenie un esfuerzo creador descomunal. Infante aporta carisma y detalle, se divierte como si fuera el aficionado número uno del género, pero piensa en todos los demás que presumen de esa condición a este otro lado de la página. Progenie puede engañar en ese sentido, de la misma manera que lo decíamos con el guion, porque parece sencilla de ejecución, puede ser que por la ausencia de color o porque los negros tengan más protagonismo en ocasiones que otros elementos que tendrían que gozar de más peso. Pero es un trabajo muy, muy completo, uno que se cuece a fuego lento y que se degusta con más calma de la que desprende su adrenalina constante, que seguramente gana en una segunda lectura porque tiene mucho más que ofrecer que el envoltorio que vemos a simple vista. Y porque hay mucho de futurista, sí, pero también mucho de presente.
El único contenido extra es un epílogo de Toni Fejzula.
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