Dibujo: Lou Cameron.
Páginas: 160.
Precio: 8 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Diciembre 2021.
Sigue impresionando que haya tanto y tanto material procedente de aquellas revistas desaparecidas que tanto hicieron por el cómic de terror y fantasía oscura, y sobre todo hay que agradecer que se ponga el énfasis no solo en el género o en el contexto previo al famoso e infame Comics Code Authority, sino que da voz a los artistas. Es lo que sucede en El que roba a los muertos y otras historias de Lou Cameron, nombre de un profesional que probablemente no mucha gente reconozca. La razón es sencilla. Sus cómics no son mainstream en este momento, no es probablemente un nombre que destaque en las historias del medio. Pero era muy, muy bueno en lo suyo. Las páginas de este libro le colocan en un punto formidable, y hay que tener en cuenta que reúnen únicamente relatos realizados en un intervalo de dos años, los que se consideran la cúspide de su arte dentro de una trayectoria fantásticamente descrita y analizada en los artículos que abren este volumen de la muy elogiable Biblioteca de cómics de terror de los años 50 que tanto está haciendo por recuperar unas viñetas a las que en España siempre se ha hecho menos caso del que merecían, a pesar del enorme influjo que tuvieron en Estados Unidos, hasta el punto de que fueron el punto de partida de la causa general al medio que se hizo allí, en pleno macartismo.
Quizá por eso pueda ser tan divertido buscar esas dobles lecturas que quiso hacer la política de extrema derecha en estos relatos, en los personajes que describe, en sus intenciones y personalidades. A veces las habrá y otras estaremos viendo únicamente lo que de verdad hay en este libro, simpáticas e ingeniosas historias cortas de horror en las que los personajes sufren y mueren, en las que aparecen criaturas y fantasmas, en las que el destino juega un papel importante. Hay una variedad espléndida en estas historias, que se asoman desde su brevedad a mundos muy distintos. Por mucho que se le diera en su momento y seguramente se le dé con facilidad en nuestros días la etiqueta de obras menores, incluso de un lenguaje menor o de un simple entretenimiento sin ambiciones artísticas, lo cierto es que hay muchas moralejas en sus historias. Y aunque se considerara a estos tebeos como inductores de conductas poco ejemplares, lo cierto es que vistos hoy en día la conclusión general es la de que en sus páginas son quienes se salen de las normas los que peor lo pasan. Hay víctimas, claro, pero el terror de aquellas épocas era mucho más irónico de lo que se le atribuía. Robar a una pirata fantasma tiene castigo, desde luego, también creerse más listo que la muerte, entre otras muchas cosas.
El dibujo de Cameron es atrevido, mucho más de lo que pudiera parecer en un primer vistazo a sus páginas, que casi lucen con orgullo el desgaste del paso del tiempo y esas técnicas de entintado y color que nada tienen que ver con las actuales. Se mueve por la escena con una fluidez increíble, jugando con diferentes puntos de vista, con artificios narrativos más complejos de lo que tendría que verse en un arte barato. Sería injusto decir que no se nota que estamos hablando de una producción masiva para el corto espacio de tiempo de que disponía entonces un autor, pero hay tanta imaginación en la construcción de estos relatos que sí podemos decir que esto se nota poco, menos de lo que seguramente debiera. No importante el salto de los fantasmas a los esqueletos, de las brujas a fuerzas cósmicas, y siempre con un componente humano muy fuerte. No son sus protagonistas esas criaturas de las que hablamos, siempre es el hombre quien mueve todas estas fuerzas sobrenaturales, y quizá por eso estas historias llegan tanto. No entraremos en disquisiciones sobre cuál es la mejor de las que hay en este libro, porque, al final, esto es una experiencia global. ¿Queréis conocer a Lou Cameron? Entrad y disfrutad. O temblad, a gusto del lector del horror, pero lo que es seguramente es que ver reeditadas estas historias es un lujo que debemos apreciar.
El volumen incluye material procedente del número 17, 18, 19, 22, 24 y 25 de Web of Mystery, el 1820, 21 y 27 de Baffling Mysteries, el 21, 25 y 30 de The Beyond, y el 20 y 23 de The Hand of Fate, publicados entre febrero de 1953 y enero de 1955. El único contenido extra son los artículos de Steven Thopmson, Tillman Courth y Craig Yoe que abren el libro
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