Guion: Stephen Desberg.
Dibujo: Hugues Labiano.
Páginas: 128
Precio: 25 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Noviembre 2021.
La carta de la precuela es ya tan habitual que no nos damos cuenta de los enormes peligros que corren los autores que entran en ese juego. La estrella del desierto (aquí, su reseña) es un notable western firmado por Stephen Desberg y Enrico Marini, una obra cerrada, bien cerrada, que conoció su precuela casi veinte años después y sin Marini como ilustrador, lugar que se quedó Hugues Labiano. Solo con este panorama, se puede entender el recelo con el que se podría recibir este segundo integral, una suerte de segundo ciclo que acontece antes de lo que ya hemos leído pero que se puede leer como la anterior, como una historia cerrada y autoconclusiva. Quizá por esa vía tenga más éxito que por la de la precuela directa y con el mismo protagonista aunque con dos décadas de vida menos, casi como si fuera el reflejo narrativo de la misma historia editorial de La estrella del desierto, porque es también un notable tebeo del oeste, otro más que perpetúa la idea de que el cómic europeo es el mejor garante de sus infinitas posibilidades, aunque parezca evidente que sus méritos son menores que los de la obra original. Ahí está su mérito, que teniendo el reclamo del título para el lector sabe adquirir una independencia notable para quienes no hayan leído la original y a la vez las conexiones suficientes para hacerse merecedora de esa misma continuidad.
Desberg es, claro está, la garantía de que va a haber primero una fidelidad al mundo que vimos en los dos primeros álbumes y, después, al mismo western como género. Se mueve en otras tramas, en otros rincones del oeste, y no por ello la premisa es menos potente. Es, simplemente, distinta. No es esta a priori una historia de venganza, sino de lucha entre el viejo mundo, el de los indios, y el nuevo, el de los colonizadores. Ese es el enfrentamiento que subyace en este segundo ciclo, el que da sentido al ciclo de todos los personajes, y la historia se cuece por ello a un ritmo mucho más lento de lo que lo hacía la original, que empezaba con un terremoto y desde ahí se convertía en un relato de investigación y venganza. Este es distinto porque, en el fondo, cuenta una historia de amor. O, más bien, de amores. Peculiares y muy adecuados al escenario que nos está mostrando, que nadie cometa el error de juzgar las relaciones que se establecen por el prisma de la modernidad porque no tendría ningún sentido. Y es, sin caer en los tópicos más clásicos, una historia de indios y vaqueros, porque ambos mundos se muestran con mucha habilidad para que encuentren esos puntos de conflicto que tantos westerns han motivado. Puede que ese ritmo sea precisamente lo más debatible de la obra, pero Desberg sabe acelerar cuando lo necesita.
El gran punto de fricción con respecto al primer ciclo está en la ausencia de Marini, al que se coloca en la portada del libro pero cuyo papel en esta precuela es en realidad mínimo. El que se queda a los mandos es Labiano, y su trabajo apuesta por una narrativa muy diferente a la de su predecesor y creador de la serie. Eso tiene que quedar claro desde el principio, porque la expectativa de encontrar un calco es, probablemente, el peor enemigo del ilustrador. Él cumple, porque se mantiene fiel a lo que sabe hacer y a su propio trazo, sin copiar nada y entendiendo el western a su manera, no a la del primer ciclo. Puede que eso marque una distancia que podríamos debatir si beneficia o perjudica, pero desde luego es una buena manera de entrar en La estrella del desierto, aún asumiendo que no es la mejor. Labiano sabe moverse en la ambientación, se nota un buen trabajo de documentación y un estilo que encaja muy bien en el género, y también en el retrato de sus protagonistas, que al final lo que le permite encontrar el espíritu más destacado de la obra. Y no, no tiene el carisma de la historia original, ya lo hemos dicho, pero eso no merma el buen trabajo que nos ofrecen Desberg y Labiano para prolongar este universo de una manera bastante natural y hasta inteligente en muchos momentos.
El volumen incluye los álbumes tercero y cuarto de L’etoile du désert, publicados originalmente por Dargaud en septiembre de 2016 y octubre de 2017. El único contenido extra son las cubiertas originales de Hugues Labiano.
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