Guion: Marcia Chen, Joe Benitez
Dibujo: Marcia Chen, Joe Benitez.
Páginas: 180.
Precio: 18 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Enero 2022.
Cuando se abren las páginas de Wraithborn, ya desde su misma cubierta, es casi imposible no sentir con la obra de Marcia Chen y Joe Benitez aquella sensación noventera de series como Witchblade. Es la inspiración más clara de un cómic que resulta muy entretenido precisamente porque da la sensación de estar fuera de su tiempo, porque se siente como un homenaje a una forma de crear historias que, sin necesidad de ser rompedoras, sí apostaban por una acción con mucha adrenalina, por un diseño muy específico, por unas anatomías exageradas y llamativas y por moverse en los terrenos de la fantasía contemporánea sin miedo alguno a repetir patrones. Hasta el dibujo de Benítez tiene una abierta y declarada inspiración en Michael Turner, lo que cierra el círculo sobre Witchblade. Wraithborn, en todo caso, apuesta por un camino un poco distinto por medio de su protagonista, una adolescente marginada y con problemas sociales, sin amigas y con muchas inseguridades que en este Renacimiento no tiene madera de heroína, aunque sepamos que la tendrá en el futuro porque todo se cuenta como un gran flashback. De lo que se trata es de disfrutar con ella, con esta mitología en la que quieren introducirnos y con esa historia de inmersión en una fantasía oscura que pone patas arriba el mundo de esa protagonista y que tantas veces he la visto en comic, cine y televisión.
Entrar en el guion de Chen y Benítez es sumergirse de cabeza en esas producciones de serie B que en el nacimiento de los efectos digitales aspiraban a que sus locuras rivalizaran con las películas de gran presupuesto de Hollywood. Eso, llevado al cómic, habla de unas pretensiones ambiciosas en cuanto a la creación del universo que estamos viendo pero a la vez modestas en la construcción de la historia. Los tópicos no son un obstáculo, sino que se interpretan como una oportunidad de que el lector lo pase bien. Lo que en un cómic de una gran editorial podría incluso ser un problema, aquí es una vía de escape para el delirio fantástico que se propone ejecutar. Y funciona con sus limitaciones más autoimpuestos que reales, con la certeza de que este es un guion escrito con su ejecución visual no ya en mente sino sobre la mesa. Y con el aderezo de encontrar un escenario más realista de lo habitual en los 90, porque aquí no hay una modelo de proporciones imposibles en el papel principal, sí en el de las muchas villanas que vemos, aunque veamos adolescentes de exagerado atractivo visual para la edad que se supone que tienen, apropiándose Wraithborn de esas ideas noventeras de teórico éxito. Toda la fantasía que se construye en torno a eso fluye adecuadamente, con sus lógicas concesiones narrativas para que en estos seis números de extensión haya un carnaval grotesco suficiente.
Benítez, está muy cómodo dibujando todo esto, asumiendo ese legado de Witchblade y sus acólitos sin miedo alguno a parecer un tebeo antiguo, aunque estemos hablando de un periodo de hace dos décadas. Wraithborn es un tebeo de poses, de diseños imposibles, y no solo hablamos de las proporciones anatómicas de hombres musculosos y mujeres curvilíneas, sino también del vestuario o de las criaturas que vemos en acción. Y siendo así, es inevitable pensar que es un cómic pensado y ejecutado para que el lector tenga esas ideas en mente. Quizá hemos llegado a ese punto en el que la nostalgia de los años 90 puede interpretarse como algo positivo, pero lo cierto es que Wraithborn sabe entretener. Sí, dentro de sus parámetros, con la idea de que tenemos un personaje con un recorrido más amplio de lo que vemos en esta historia, y desde luego asumiendo y asimilando que sus limitaciones no parecen más que herramientas narrativas que se utilizan a conciencia. Desde luego, no es un cómic que engañe, muy al contrario, se muestra exactamente como lo que es, un festival de fantasía oscura que conjuga lo más turbio y siniestro con lo más atractivo y sensual a la manera de lo que hace no tanto tiempo quiso consolidarse como la apuesta prioritaria del cómic americano y de los grandes nombres que se creyeron por encima de las grandes editoriales.
El volumen incluye los seis números de Wraithborn, publicados originalmente por Benitez Productions entre febrero y agosto de 2016. El único contenido extra son las cubiertas originales.
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