Guion: Mique Beltrán.
Dibujo: Keko.
Páginas: 80.
Precio: 15,95 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Octubre 2021.
Da la sensación de que no somos del todo conscientes de la gigantesca oferta que tenemos ahora mismo los lectores de cómic en un país que tiene un seguimiento fiel pero muy minoritario por el mundo de las viñetas. Y no, no hablamos ahora, aunque también sea así, de la ingente cantidad de títulos que nos llegan desde otros mercados, sino de la recuperación de obras españolas, de nuestros autores, que marcaron época. No lo hicieron, insistimos, porque las publicaciones en las que vieron la luz vendieran millones de ejemplares, pero sí por su importancia narrativa y como parte de la trayectoria de autores que son auténticos genios en lo suyo. Dentro de estas consideraciones, encontrar una edición tan lujosa de Livingston contra Fumake es, sencillamente, uno de esos placeres que no vamos a dejar de agradecer. La precariedad del cómic español hizo que esta obra de Mique Beltrán y Keko quedara inconclusa en su primera publicación, que llegó además después de que mutara de alguna manera para extenderse, y que viera la luz en ese formato de revista que en aquellos años 80 de tanto esplendor cultural dominara la industria del cómic autóctono con tante presencia y tantas historias que han perdurado al paso del tiempo. Esta, desde luego, es una de las grandes, una que desde su aparente sencillez de género se convierte en una experiencia gozosa.
Mique crea un thriller espléndido, uno que juega con dos elementos fundamentales. Por un lado está la idea del crimen perfecto, un asesinato cometido por un profesional a plena luz del día y en un escenario que la policía conoce. Por otro, y enlazando maravillosamente bien con esta idea, el retrato de dos personajes soberbios. Y es que Livingston contra Fumake es el título perfecto para este apasionante duelo en las sombras de un hotel, en un Madrid recreado artificiosamente, en un tiempo indefinido. Todos estos detalles hablan de la enorme habilidad de Mique para crear un microcosmos fascinantemente cerrado en sí mismo y que a la vez abre numerosas posibilidades, no solo para contar otros enfrentamientos de ingenio previos entre los dos personajes, sino sobre todo para que conozcamos más al asesino, que es el eje fundamental en torno al que gira el relato. Uno no puede más que imaginar qué habría sido de este personaje de haber nacido en otra época y si podría haber tenido la suerte de haber prolongado su vida editorial como, por ejemplo, el Black Kaiser que Víctor Santos popularizó en Polar (aquí, reseña de su primer volumen). Bajo un aire de pretendida sátira, Mique crea en realidad una historia vibrante y trepidante, llena de adrenalina y de momentos de tensión, y sobre todo construida con mucha inteligencia para que sea un crimen (casi) perfecto.
No vamos a descubrir a estas alturas a Keko, pero sí es una auténtica delicia ver estas páginas antes de que su estilo, por decirlo de alguna manera, alcanzara su esplendor. Sus líneas y sobre todo sus tintas están aquí, aunque sea con una caricatura más evidente que la que le ha permitido brillar, por ejemplo, de la mano de Antonio Altarriba, pero sí hay un detalle en el que merece la pena que nos detengamos en Livingston contra Fumake es su puesta en escena. Sus influencias clásicas del thriller, del noir en blanco y negro de siempre, son palpables, pero no su única arma. Juega con perspectivas atrevidas, con el cambio constante de plano incluso en conversaciones que podrían resultar más anodinas, y es indudable el carisma del que dota a todos los personajes, empezado por los dos protagonistas. Sabe hacernos reír cuando el guion de Mique se lo pide, pero sobre todo sabe hacer que nuestro corazón palpite cuando los acontecimientos se precipitan y el crimen está a punto de cometerse. Qué ritmo tiene la narrativa de Keko, incluso cuando la historia parece detenerse. Cómo no apreciar Livingston contra Fumake como una obra magnífica y cómo no valorar que el paso del tiempo no solo no se haya llevado ninguna virtud de este trabajo sino que además haya aportado una más: la nostalgia. Qué maravilla de lectura, de relectura o de descubrimiento, lo que el lector vea.
Livingston contra Fumake comenzó a publicarse originalmente en la revista Madriz. El único contenido extra es un portafolio de bocetos y diseños.
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