Guion: Hugo Prat.
Dibujo: Hugo Pratt.
Páginas: 156.
Precio: 29,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Agosto 2021.
No importa cuántas veces entremos en una aventura de Corto Maltés de Hugo Pratt, de alguna manera siempre va a parecer la primera por la ingente cantidad de sorpresas y vamos a encontrar elementos que nos invitan a recordar la formidable narrativa del autor y el inexistente miedo a la hora de jugar con elementos muy distintos. La casa dorada de Samarcanda, en ese sentido, es una de las más singulares, y lo dejamos ahí porque no tiene mucho sentido entrar en un ránking de calidad de algo que es tan bueno siempre. Respeta la idea habitual de Pratt de lanzarnos de sopetón al relato, también la de cambiar el ritmo cuando le conviene o la de mostrarnos a un Corto que más héroe de lo que seguramente le gustaría, con sus escenas oníricas, agudizadas aquí por la creación de un personaje que parece ser la viva imagen del protagonista. Pratt muestra un conocimiento tan intenso del momento histórico en el que acontece el viaje de Corto que uno solo se puede quitar el sombrero. Y si encima vuelve a entrar en juego Rasputín, interactuando no solo con Corto sino también con ese sosias turco que el autor introduce en el relato. ¿Qué más se puede pedir a esta frenética búsqueda de lo que en todo momento parece un macguffin de manual aunque Pratt sí le acabe dando una resolución?
Al final, Pratt tenía la enorme habilidad de hacer que algo que parecía sencillo tuviera muchos más elementos que analizar y disfrutar de lo que se podía intuir al principio. Desde luego, eso pasa con La casa dorada de Samarcanda, y se empieza a notar casi desde las primeras páginas, que es donde el autor introduce el enredo que provoca la existencia de ese turco que parece ser físicamente idéntico a Corto, tanto como para confundir a un personaje que se distingue, precisamente, por ser único. Pratt juega con el lector de esa manera, y lo hace a través de la mirada de los demás protagonistas. Cuando Rasputín entra en juego, parece muy fácil hablar de Corto y de su doble a través de sus palabras. ¿Qué está buscando Corto en ese punto? Da igual, Pratt ya ha conseguido que nos vayamos a otros lugares. Y luego nos hace volver, porque al final lo explica todo. Y por el camino nos entretiene con esas escenas alucinógenas que están pensadas para seguir definiendo quién es Corto Maltés, aunque sea con pequeñas dosis de caracterización. No podemos dejar de destacar tampoco la enorme habilidad que tiene Pratt para introducir personajes secundarios de un gigantesco carisma, aunque en el momento parezcan ser ocurrencias puntuales y hasta sin más sentido que el de dotar de un punto de comedia distinta a una historia que en otras manos podría parecer un libro de historia.
Pero es que hasta en ese Pratt es un genio. La historia es parte viva de sus relatos, de sus diseños, de sus narraciones. Y no importa lo sencilla que podamos pensar que es su ejecución de la página, lo cierto es que no lo es tanto, ni siquiera hasta su ya conocida pasión por los bustos de Corto y otros personajes, que llenan un elevado número de las ya de por sí cuantiosas viñetas que vemos en cada una de las páginas de un álbum de Corto Maltés. Quizá podamos intuir en La casa dorada de Samarcanda un tono visual general algo más oscuro que en otras historias de Corto, un uso más frecuente de las tintas y las sombras pero no es demasiado acusado como para pensar que Pratt nos está contando algo distinto en ese sentido. Y quizá esa es también la magia de Corto Maltés que nos sigue cautivando y que hace que esta relectura cronológica de las aventuras del personaje que nos propone esta edición sea algo tan bonito y maravilloso. Corto no puede pasar de moda porque Pratt era un genio. Lo era en las historias cortas y lo es en las que apuestan por una extensión mayor como esta. A veces parece un milagro que con tantos elementos como introduce estos viajes no se salgan de madre, pero cuando se llega al final todo tiene sentido. Hasta la respuesta a cualquier pregunta sobre la genialidad de Hugo Pratt y la inmortalidad de Corto Maltés.
Casterman publicó originalmente Corto Maltese. La maison dorée de Samarkand en septiembre de 1986. El único contenido extra es una introducción de Teresa Valero.
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