Guion: Damián Connelly.
Dibujo: Nicolás Brondo.
Páginas: 116.
Precio: 18 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Septiembre 2021.
Hay historias que no se pueden evaluar de una manera fría y aséptica por mucho que nos empeñemos, y eso es algo que, aunque podamos aplicarlo a todas las artes, el cómic sabe aprovecharlo como muy pocas formas de comunicación. Ulises es un buen ejemplo de todo esto porque su sordidez, clara y manifiesta, expuesta sin miedo y sin más límites que los narrativos que quieren aplicar sus autores, exige que la analicemos desde las tripas. No hacen falta demasiadas explicaciones para que entremos en el mundo de su protagonista, un joven con cabeza de lobo que vive solo en una cabaña apartada. No se necesitan grandes digresiones para asimilar la relación que ha mantenido con su madre o la que pretende mantener con una prostituta ante la que se presenta de manera confiada, buscando un final feliz que se intuye desde el principio que su historia no puede tener. Y como no hacen falta esos alardes, la historia de Damián Connelly y Nicolás Brindo es intensa y dura, directa al grano, contundente y sin contemplaciones. No, no es una historia de buenas intenciones, ni falta que hace. Esta se siente con las tripas, ¿recordáis que lo habíamos dicho? Y su blanco y negro intenso, su trazo a medio camino entre la fascinación de la belleza y la turbiedad de lo siniestro, no hace más que recordárnoslo.
Connelly solo cede parcialmente a lo que se supone que debe de ofrecer al lector, según esos códigos comerciales que no se reconocen pero que pesan, y acaba dando un prólogo que explique algo más de la existencia de este personaje fantástico. Pero esta es la única concesión que vemos a encontrar en las páginas de este libro. La única, literalmente. Todo lo demás es un viaje a la mente de un protagonista extraordinario y singular, uno que vive en esa fascinante y permanente lucha entre las aspiraciones humanas y los deseos animales, un conflicto mucho más aterrador de lo que se puede ver en una primera capa, la más superficial, y que está en esos cartuchos de texto más que en la misma situación que vemos. Este ser es un cazador en potencia, pero uno que en el fondo necesita ser amado y que está tremendamente influenciado por las dos mujeres que conocemos en su vida, dos mujeres que viven un formidable enfrentamiento sin necesidad de chocar físicamente. Ulises es una historia de una enorme intensidad, quizá por eso mismo no sea para todo tipo de públicos, como si decir algo así supusiera un problema, pero es a la vez sincera y rotunda. Sin miedo alguno a mostrar lo que nos está contando, a enriquecer la mitología de la que bebe y a convertirse en un relato de terror impactante y brutal. Como lo es la misma existencia de su personaje central.
Si Connelly escribe sin miedo, lo mismo se puede decir del dibujo de Brondo, y quizá por eso la simbiosis entre ambos autores sea tan natural para dar forma a este universo de terror. Lo más destacado de las ilustraciones de Ulises, aunque pueda parecer una obviedad, está en lo acertado de cada decisión a la hora de distribuir el blanco y el negro no se trata de entintar sin más y para hacer bonita cada ilustración, sino de hacer que cada secuencia tenga el brillo que necesita para que abrace lo que narrativamente necesita la historia en ese momento. Vemos a un hombre con cabeza de lobo, sí, y luce como una magnífica creación fantástica, pero también vemos a un cazador, a un amante, a un hijo, a una víctima incluso, y a un líder. Vemos a una criatura que pasa por estadios muy distintos a pesar de la brevedad de la historia, y en todos ellos se ven matices distintos. Brondo dibuja sexo y deseo, violencia y desenfreno. Dibuja terror y también ingenuidad. Dibuja, sin miedo, todo lo que necesita Ulises. No es una historia fácil, por muy breve que sea, y se lee a una velocidad tremenda por esa intensidad que supura, o por poco texto que pueda contener. Y eso, volviendo al principio, se debe a cómo está pensada y contada. Sí, desde las tripas. En esa coherencia no solo podemos decir que es un tebeo coherente, sino también uno irreprochable.
El único contenido extra es un epílogo de David Rubín.
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