Guion: Kei Sanbe.
Dibujo: Kei Sanbe.
Páginas: 184.
Precio: 9 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Junio 2021.
Kei Sanbe va a arrastrar durante mucho tiempo la ola de Desaparecido (aquí, reseña de su primer volumen), y eso es evidente que va a tener tantos elementos positivos como negativos. En el lado de lo amable, lógicamente una serie tan potente y dinámica ha generado una legión de seguidores expectantes con cada nuevo manga que haga. En el otro, claro está, las inevitables comparaciones. Lo dijimos en el primer volumen de Por el chico que veía en sueños (aquí, su reseña), es importante que marquemos distancias porque no se trata de la misma historia y no sigue los mismos derroteros, aunque lógicamente haya elementos comunes en la narrativa de Sanbe. El propio autor, desde luego, sabe que tiene que ofrecer cosas diferentes, y eso implica que en esta nueva serie hay elementos que llaman mucho la atención, aunque es evidente que están pensados más a largo plazo. Hay en este segundo volumen una estructura cíclica, y eso es justo lo que consigue un nivel de emoción bastante alto. Sanbe nos ha enseñado una historia de venganza… que cambia radicalmente al final de las páginas de este segundo libro para deleite de los seguidores del autor. Así que, sí, Desaparecido tiene ese efecto doble, y sabe que no llega a la misma velocidad de crucero que en su historia precedente, pero va dejando las pistas que podrían elevar su categoría.
Eso, en todo caso, da la sensación de que lo veremos más adelante, y sobre todo cuando Sanbe cierre la historia, que es cuando definitivamente se podrá saber si su historia tiene el mismo efecto que Desaparecido. Lo que está claro en este punto es que Sanbe encuentra escenarios francamente interesantes en los que moverse de manera continua. Interesa más, eso sí, lo personal que lo criminal. La espiral en la que se adentra Semri, que así se llama el protagonista, aporta adrenalina y ritmo pero no alcanza el nivel de interés que sí tiene la parte más personal, aquella en la que entra en juego su hermano y que aporta esa estructura circular de este segundo volumen, arrancando precisamente cuando ambos no son más que unos niños, y con el final en el que afloran todos los sentimientos que se esconden en la determinación de su protagonista. Es ahí donde Sanbe saca todo lo mejor de sí mismo, cuando escenarios, actitudes y diálogos se suman para conseguir que la historia que nos está ofreciendo nos importe de una manera decidida. No es tanto la venganza y todo lo que comporta como el vengador y lo que le mueve a emprender ese camino, y es por esa vía por la que Por el chico que veía en sueños convence con rotundidad, a la espera lógicamente de saber hasta dónde nos lleva.
Resulta bastante peculiar que el estilo de dibujo de Sanbe se adecue de una manera tan fluida a la manera que tiene de narrar, y que la forma en la que rejuvenece a los personajes que hemos visto de adultos funcione de una manera tan completa en sus historias. Tiene la virtud de que sus actores tengan miradas muy intensas, que dicen mucho en las secuencias incluso antes de que nos demos cuenta de todo el fondo que tienen, y eso sostiene secuencias que puedan parecer algo más de relleno o que nos alejan de los picos que tiene la serie. Y la química que hay entre ellos es sobresaliente, como se puede ver en las dos mencionadas secuencias, la que abre y la que cierra este segundo volumen, que constituyen sin duda lo más acertado de esta entrega. Con el añadido de estas páginas, Por el chico que veía en sueños da la sensación de estar creciendo, y eso lógicamente es una buena noticia. Sanbe propone mucho y además juega con el lector a su antojo, dejándole pistas para que imagine por dónde va a ir la historia y casi siempre sorprendiendo cuando esta da un giro trascendente. Con él siempre hay que esperar lo inesperado, y aunque insistamos en las comparaciones con Desaparecido, que estaba pensada para convencer a cada instante, ahora Sanbe quiere llegar al lector por otros caminos. No va mal.
Kadokawa comenzó a publicar Yume de mita anoko no tameni en 2017. No tiene contenido extra.
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