Título original: Makinavaja, el último choriso.
Director: Carlos Suárez.
Reparto: Andrés Pajares, Jesús Bonilla, Pedro Reyes, Mario Pardo Llàtzer Escarceller, Mary Sanpere, Alberto Pérez, Carmen Conesa.
Guion: Ramón Tosas Fuentes, Carlos Suárez.
Música: Luis Mendo, Fernando Fuster.
Duración: 105 minutos.
Estreno: 8 de mayo de 1992 (España).
Cuando se habla de la complejidad de adaptar ciertos cómics a la gran pantalla, la mayor dificultad de la que se habla es la de hacer creíbles sus aspectos más fantásticos. Pero como los grandes iconos del cómic europeo han demostrado, con héroes como Tintín, Lucky Luke o Corto Maltés esperando adaptaciones a la altura de su grandeza impresa, lo más complicado está en otros géneros. Y en lo que al cómic español se refiere, hablamos sobre todo de la comedia. ¿Un ejemplo claro? El que tenemos entre manos, Makinavaja, el último choriso. Si miramos las viñetas de Ivà, pseudónimo de Ramón Tosas Fuentes, y después echamos un vistazo a las imágenes de la película dirigida por Carlos Suárez, comprenderemos que el objetivo era ser lo más fiel posible al espíritu de la serie publicada en El Jueves. Eso se puede dar por conseguido, también con la lógica aparición en los créditos de esas mismas ilustraciones que dan pie a su adaptación de imagen real, aunque la película, en la el creador del personaje ejerce de coescritor, no acabe de parecer una historia completa, sino poco más que una colección de sketches que se van uniendo, a veces incluso sin demasiado sentido ni cohesión, para mayor gloria de la diversión del reparto encabezado por Andrés Pajares, que es el escogido para ser este ocurrente ladrón de poca monta.
Makinavaja, el último choriso tiene ese gran inconveniente, que la película dura 100 minutos, como podría durar 80 o 120, porque su propósito es acumular más que desarrollar, se podrían quitar secuencias o poner otras sin que el resultado se hubiera alterado demasiado. La primera escena del filme, el atraco con rehenes al que se suma Makinavaja es la prueba de fuego para cualquier espectador. Ahí está todo lo que quiere ofrecer la adaptación, el entorno urbano en el que se va a mover, el lenguaje cañí, el humor que va a presidir toda la película del mismo modo en que lo hace en el cómic… El resto de la cinta va en la misma línea de lo que vemos en ese arranque y cada uno de los sketches, desde la escena de ligoteo con el personaje de Carmen Conesa hasta la aparición mediática de Makinavaja alterando a todos sus compañeros de tertulia, pasando por el atraco en el que lanza cuatro palabras mal dichas en euskera para ser confundido con un etarra, todo es parte de la misma broma. Broma que, además, nos la cuenta un reparto que lidera un actor que llevaba tiempo lejos de su momento de mayor esplendor en la comedia cinematográfica española, como parte incluso de una forma de hacer cine que ha envejecido lo suyo, y rodeado de algunos nombres bastante conocidos de la televisión de la época. Y sí, todo se parece mucho a las páginas de El Jueves.
Esa fidelidad es, de hecho, la mejor noticia que ofrece la adaptación, porque todo el mundo parece ser consciente de que no hay un final que contar, un objetivo que alcanzar, un viaje que cerrar. No, se trata únicamente de sacar sonrisas con cada secuencia, nada más, porque en ningún caso se busca desarrollar nada, solo mostrar, adaptar de una manera tan literal que no queda demasiado que aportar salvo la misma definición del cómic original en imagen real. Y para eso hay que entrar en este humor tan particular, el de un paletizado Jesús Bonilla, el de un Pedro Reyes muy parecido a otros personajes que ha hecho en televisión o el de una Carmen Conesa que actúa de evidente atractivo sexual para el personaje protagonista sin más dobleces ni complicaciones. ¿Eso funciona para el espectador? Adelante entonces, por mucho que se sienta en todo momento que como película es un producto muy, muy limitado en todos sentidos y que supedita su éxito al conocimiento previo del cómic y al disfrute que los actores puedan poner en su trabajo. Realmente no hay mucho más que rascar en el filme, aunque sus méritos, los que tenga, incluso desembocaron en una secuela. Y es que chistes, con más o menos gracia, puede haber hasta el infinito en la vida de un tipo tan poco recomendable pero a la vez tan adorable en algunos sentidos como es Makinavaja.
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