Título original: Prince Valiant.
Director: Henry Hathaway.
Reparto: Robert Wagner, James Mason, Janet Leigh, Debra Paget, Sterling Hayden, Victor McLaglen, Donald Crisp, Brian Aherne, Barry Jones, Mary Philips, Howard Wendell, Tom Conway, Primo Carnera, Don Megowan, Richard Webb.
Guion: Dudley Nichols.
Música: Franz Waxman.
Distribuidora: 20th Century Fox.
Duración: 100 minutos.
Estreno: 5 de abril de 1954 (Estados Unidos), 16 de febrero de 1955 (España).
En ocasiones puede dar la sensación de que Hollywood no supo mirar al cómic hasta que el superhéroe alcanzó la explosión necesaria, la que anticiparon Superman (aquí, su crítica) o Batman (aquí, su crítica) y que consolidaron X-Men (aquí, su crítica) y Spider-Man (aquí, su crítica), pero ejemplos hay de que sus grandes figuras sí llamaron antes la atención de los grandes estudios. Sucedió, por ejemplo, con El Príncipe Valiente, con una adaptación de las aventuras del personaje de Hal Foster que dirigió nada menos que Henry Hathaway. De hecho, si echamos un vistazo a su factura y a su reparto, que está lleno de grandes nombres y mucha eficacia clásica, esta se aleja poco de lo que suponen los grandes títulos medievales de la época. Es verdad que su sencillez, buscada probablemente, aleja su resultado final de joyas del género como Ivanhoe o Scaramouche, y la voluntad autoconclusiva que tiene quizá apresura demasiado el final de una historia que quiere resolverse sin demasiadas complicaciones, pero su colorido, su optimismo y su aventura cómoda y fácil de asimilar entretiene lo suficiente como para que su recuerdo sea lo suficientemente agradable como para revisarla tantas décadas después de su estreno sin que parezca una pieza inferior a otras películas que seguramente lograron mayores éxitos.
La clave del buen gusto que deja El Príncipe Valiente, sabiendo que no es uno de los grandes clásicos de su género, está en el reparto, no tanto en la historia. Y no por alejarse de los preceptos del cómic de Foster, que sigue con el respeto suficiente como para que el personaje y su mundo sean reconocibles, pero sí por la enorme sencillez, casi ingenuidad, que hay en todo lo que propone. El conflicto en casa, el de la estética vikinga, o el que tiene lugar en el entorno más clásico de las aventuras medievales, con el correspondiente enredo amoroso, y muchas secuencias pensadas para el lucimiento de unos decorados que van desde lo más jovialmente entretenido y colorista a lo más acartonado e inverosímil, que de todo hay. No, la factura no es pero que en otros producciones de la época, al contrario, y se agradece además que tras la cámara estuviera un director como Hathaway, uno que apostara por planos amplios para que sea vea todo el cuadro, para que el escenario forme parte de la secuencia, aunque eso se pueda llevar por delante cierta adrenalina en algunas secuencias, como por ejemplo en las justas. A cambio, el duelo final de espadas, con ese poco movimiento de cámara, acaba siendo de lo más entretenido y clásico. No, no es el de Scaramouche, que en tiempos presumía de ser el más largo de la historia del cine, pero es bastante eficaz.
Todo lo que funciona, además, es porque descansa en un buen reparto, bien dirigido además. Robert Wagner es un muy buen protagonista, encaja sin complejo alguno en la imagen del personaje de Hal Foster y tiene el carisma suficiente para que nos los creamos en el marco de las sencillas intrigas que nos propone la película. Ha habido alguna versión posterior, no demasiadas ni demasiado exitosas, pero la suya sigue siendo la mejor. A su lado, hay también mucho oficio en la forma en la que James Mason da vida a Sir Brack, al encanto inagotable de Janet Legih como la Princesa Aleta, y qué decir del mítico Sterling Hyaden como Sir Gawain. Estas películas medievales de Hollywood siempre tuvieron mucho encanto en ese sentido porque sus estrellas supieron lucir con mucho estilo trajes que hoy podrían utilizarse fundamentalmente con propósitos de comedia. Pero antes todo esto funciona, y El Príncipe Valiente, siendo una de esas películas casi escondidas en la filmografía de un director como Hathaway, es un producto que aúna sinceridad y entretenimiento. No está pensado para que la valoremos por temas profundos o tramas complejas, sino por ser una cinta de aventuras bastante correcta y que, pese a quien pese y con el necesario proceso de contextualización, ha soportado bastante bien el paso y el peso del tiempo.
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