Guion: Roberto Morote.
Dibujo: Roberto Morote.
Páginas: 176.
Precio: 24 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Agosto 2021.
La valentía es un valor añadido en la narración popular que nunca debemos de dar por sentada, y lo que hace Roberto Morote en Camino de Sirga va claramente en esa línea. Primero, porque es la primera obra larga de su autor. Y es larga, sí, son casi 180 páginas de historias que, se mire como se mire, son un auténtico desafío para cualquiera que se lance por primera vez a un trabajo de estas características. Y sobre todo hay valentía porque Morote no nos ofrece una historia propia, una que haya crecido en su cabeza para poder moldearla y madurarla, sino que se ha lanzado a la adaptación de una novela, la de Jesús Moncada, sin contar con el apoyo en el proceso de un autor por desgracia fallecido en 2005. No son pocas las apuestas que hace Morote para convencer, y convence con bastante aplomo cuando llegamos al final de su revisión de Camino de sirga. No es un trabajo fácil, porque abarca un espacio temporal bastante amplio y un número considerable de personajes para mostrarnos un escenario muy particular, si se quiere incluso localista, pero la narración en todo caso sabe encontrar esa universalidad tan necesaria para que un lector cualquiera pueda entrar sin la dificultad que se le puede presumir al relato. No, no son pocos los elementos que hacen de esta novela gráfica una lectura interesante.
Los hay, lógicamente y como siempre que pasa con una adaptación literaria, que son propios de la obra original. Moncada firmó una de las consideradas como grandes novelas aragonesas de la segunda mitad del siglo XX, y es ciertamente uno de esos relatos ambiciosos que muestran un modo de vida, el de la sirga, al tiempo que narran la misma historia de España durante el siglo XX, con todas las connotaciones históricas, sociales y laborales que tiene ese periodo en nuestro país. Morote sabe trasladar una historia contada con frases largas a los huecos que dejan las viñetas, que son menos extensos que los de una página en blanco. Entender que estamos ante lenguajes diferentes es el primer gran triunfo del autor del cómic. Hacerlo además con semejante respeto a la referencia de la que parte es el segundo. Camino de sirga no deja de ser, además, la historia de un pueblo, y eso convierte el cómic en un retrato fascinante, uno en el que sí se pueden poner las imágenes de las que adolece la novela, con lo que la narración tiene que ser incluso un tanto más precisa para convencer. En todo sale Morote más que airoso, dejando una historia sólida, bien llevada, con buenos personajes y con los diálogos adecuados. Cierto es que no pierde el elemento local del que hablábamos o esa dificultad de adaptar la novela que adapta, pero el resultado es notable.
Si lo es a ojos del lector, la contribución del dibujo de Morote es crucial. El blanco y negro por el que apuesta es un claro llamamiento al tono documental de la historia. Morote no solo quiere contar un relato, sino que entendamos que forma parte de los recuerdos de mucha gente. El tono de carboncillo que tiene cada una de las viñetas de la obra es delicioso, de la misma manera que los personajes funcionan muy bien y son reconocibles, incluso teniendo en cuenta las elipsis que hay en el relato. Los primeros planos son muy poderosos, y ayudan a que el sentido de cada una de las escenas queda claramente definido desde los rostros de sus protagonistas. Visualmente es un trabajo muy eficaz y potente, documental cuando tiene que serlo pero con un sentido narrativo, y Camino de sirga deja unas sensaciones bastante interesantes en ese sentido. Y en general es una carta de presentación formidable, que habla muy bien de su autor y de sus posibilidades, de su ambición como narrador y de lo bien que sabe llevar a su terreno una historia que ha pertenecido a mucha gente antes que a él, bien a su autor, bien a sus lectores e incluso a los habitantes de Mequinenza, pero que ahora tiene un dueño más, Roberto Morote. Y lo tiene por derecho propio, como resultado de una adaptación que merece muchos parabienes.
El contenido extra lo forman textos introductorios de la alcaldesa de Mequinenza, Magda Godia, Héctor Moret, y el autor de la novela en la que se basa el cómic, Jesús Moncada.
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