Título original: Les 12 travaux d’Astérix.
Director: Henri Gruel, Pierre Watrin, René Goscinny, Albert Uderzo.
Reparto: Roger Carel, Jacques Morel, Pierre Tornade, Henri Labussière, Jean Martinelli, Micheline Dax, Gérard Hernandez, Pierre Tchernia, Roger Lumont, Stéphane Steeman, Geroges Atlas,Henri Labussière, Odette Laure, Bernard Lavelette, Jacques Hilling, Claude Bertrand, Nicole Vervil, Jean Stout, Monique Thubert.
Guion: René Goscinny, Albert Uderzo, Pierre Tchenia.
Música: Gérard Calvi.
Duración: 82 minutos.
Estreno: 20 de octubre de 2076 (Francia).
De entre todas las películas de dibujos animados que se han hecho de Astérix y Obélix, los irreductibles galos de Renée Goscinny y Albert Uderzo, la que goza de mayor fama, y con todo merecimiento, es Las doce pruebas de Astérix. No fue la primera aparición de estos personajes en la gran pantalla, sino la tercera, pero sí es la que se preparó más a conciencia. De hecho, esta fue la primera película producida por Studios Idéfix y llegó nueve y ocho años después de las anteriores tentativas, Astérix el galo y Astérix y Cleopatra, y mantuvo a los creadores de la franquicia al frente de la producción, garantizando así una fidelidad absoluta al material original. Las doce pruebas de Astérix, como todo el mundo sabe o puede suponer, es una revisión de las doce pruebas de Hércules, una de las grandes historias mitológicas que nos han llegado, pero vista, claro está, desde el cómico prisma de las aventuras de estos personajes. Roma es lo que está en juego, y César es el amenazador personaje que tendría que ser, incluso desde ese prisma cómico desde el que se ve todo en este mundo. El mérito que tiene la película es el de ser algo más que el álbum, algo que Goscinny, Uderzo y sus ayudantes se esfuerzan en mostrar ya desde la introducción del filme y también a la hora de dar fuerza visual y sonora a las titánicas tareas a las que hacen frente Astérix y Obélix.
La gracia de Las doce pruebas de Astérix está en su conjunto y en cada una de sus partes. Funciona como un todo, como la titánica tarea de superar una docena de pruebas muy distintas entre sí y que se abren a un tipo de humor muy cambiante (desde el chiste visual de la carrera de velocidad a la parodia televisiva o burocrática que vemos en otras de las tareas) pero siempre dentro del tono que podemos esperar en una historia que arranca en la aldea gala. Y eso que algunos de los elementos se salen de lo que es casi tradicional en ellas, como por ejemplo la última prueba, la que deben superar Astérix y Obélix a las puertas de Roma y antes de enfrentarse a César por el resultado de la apuesta que les lanza, una en la que espíritus de soldados caídos cogen el protagonismo. Ni siquiera ahí, en ese escenario tan delicado, la película pierde el tono de comedia para todos los públicos que Astérix no solo presenta sino que además necesita. Goscinny y Uderzo son, desde luego, grandes garantes de que la película no se va a alejar de lo que representa la franquicia. La casa de los locos, aquella en la que todo el que entra se ve presa del absurdo papeleo sale presa de una desesperación absoluta. Es, desde luego, la mejor manera de que entendamos el valor de estas doce pruebas, y el mejor signo de que la película no solo entiende la fantasía sino la misma realidad.
Hablamos de una película de mediados de los 70, y aunque lógicamente eso nos invita a pensar en las limitaciones del trabajo de animación o las secuencias repetidas que hay (como por ejemplo los paseos de Astérix y Obélix con Caius Pupus como guía y garante del éxito de las pruebas), lo cierto es que es un trabajo bastante correcto. No hay más que comparar con películas de la época de grandes estudios americanos, y obviamente eso obliga a pensar en Disney, para ver que no desentona. Y, por supuesto, tiene la obligación de seguir fiel al diseño original de los personajes, el del cómic, lo que también marca el resultado final. Y lo hace para bien, porque la película sabe dar movimiento a estos personajes de una manera que sabe ser divertida, fiel al original y a la vez propia de la película. Las doce pruebas de Astérix es probablemente la mejor película de los personajes de Goscinny y Uderzo realizada en aquellos tiempos, y sigue manteniéndose como una muy buena muestra de los logros de esta franquicia, una de las grandes del cómic francobelga en todos los sentidos. Hay que verla en contexto, por supuesto, y más habiendo visto ya a Astérix animado por ordenador, pero da gusto ver lo bien que nos conduce la nostalgia a través de este viaje en el tiempo, en el que todo era más inocente y divertido.
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