Director: Hiroshi Fukutomi.
Reparto: Kappei Yamaguchi, Miki Ito, Mami Koyama, Ryuzaburo Otomo, Shigeru Chiba, Kazuhiko Kishino, Kazuyuki Sogabe, Kouji Totani, Sanshiro Nitta, Takumi Yamazaki.
Guion: Akinori Endo.
Música: Sohichiro Harada, Kaoru Wada.
Duración: 54 minutos.
Estreno: 21 de junio de 1993 (Japón, vídeo).
Cuando Robert Rodríguez estrenó Alita, ángel de combate (aquí, su crítica) consiguió que muchos recordarán el manga original de Yukito Kishiro, uno que se popularizo también con su título, GUNNM, pero también, aunque fuera de pasada, que ya hubo un anime previo que adaptó la historia de las viñetas. Estamos en 1993, y fueron dos las piezas de casi media hora que se estrenaron, que hoy convergen en lo que podría entenderse como una película y que cubre más o menos el mismo recorrido argumental que la cinta de Rodríguez. No hay que revisar demasiado estos datos para darnos cuenta de que el anime de la primera mitad de los 90 es, por encima de todo, una versión muy, muy resumida de la historia, una en la que su creador no empleó demasiado tiempo por estar inmerso en la misma creación del manga, y que, siendo bastante entretenida, adolece del alma necesaria para hacernos entender los muchos temas que subyacen en la historia. Es, dicho de manera resumida, un quiero y no puedo, uno que aspira a ser un clásico y que no pasa de lo que es, algo correcto que llega al aprobado, que seguramente para los seguidores de la serie será una curiosidad muy apreciada, pero que apenas llega para saciar el ansia de quienes hayan oído hablar de Alita y buscan que esta pueda ser la mejor puerta de entrada a un mundo fascinante.
Si hay algo que llama poderosamente la atención en esta Alita es la falta de medios y de la lógica ambición que reclama la historia, el hecho de que se apostara por apenas dos piezas de poco más de veinte minutos con una animación que por momentos parece incluso más limitada de lo que ya era habitual en la época. Hay momentos notables, sí, y algunas escenas de los combates consiguen la espectacularidad que buscan y que necesita este mundo, pero en general está versión de Alita se queda en una propuesta algo escasa, simpática, pero que no lleva al extremo los temas tan intensos que propone el original, incluyendo una lucha de clases evidente que no sobresale de la manera en que se intuye, y que tampoco puede lanzarse claramente a convertirse en ese vehículo de acción que podría haber sido porque no estamos ante una superproducción de gran presupuesto. De esta manera, pesa mucho que la ambición que hay en la propuesta no tenga un reflejo en lo que se nos ofrece en el resultado final. Y es una lástima, porque hay demasiados huecos que quedan a la imaginación del espectador o al conocimiento que se pueda sumar del propio manga o de la posterior y más completa versión en imagen real, y que de haberse cuidado con un poco más de mimo seguramente hubieran elevado el nivel de esta adaptación.
Lo más destacable está en el diseño de los personajes, versiones apreciables de los originales de Kishiro en el manga que en pantalla la verdad es que funcionan bastante bien. La película juega acertadamente con las claves del cyberpunk que tan popular era en los años 90, aunque eso mismo hace que sea una cinta que se ha quedado algo anclada en su época y necesita de un profundo ejercicio de contextualización por parte del espectador para ser disfrutada de una manera más completa. Dicho de otra manera, si la exigencia a este lado de la pantalla encaja con lo que se podía esperar en los años en los que el anime comenzara a llegar a España, es bastante asequible ese aprobado que la película merece si tenemos en cuenta todos sus condicionantes. Su universo, rico y más complejo de lo que vemos, merece ese disfrute, aunque resulte evidente que sus posibilidades están bastante limitadas. Aún así, es una buena ciencia ficción que tiene más leyenda que realidad y que se queda de alguna manera como una obra que parece inconclusa, como pidiendo a gritos un montaje más largo o, al menos, una prolongación que diera continuidad a todo lo que queda demasiado abierto en esta algo menos de una hora de metraje. Su carácter de curiosidad, eso sí, está fuera de toda duda y su historia es bastante atractiva.
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