Guion: Claudio Cerdán.
Dibujo: Sergio Carrera.
Páginas: 64.
Precio: 19,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2021.
Si nos detenemos por un momento en ver al protagonista de Toxic Detective en la imagen de su cubierta, lo más probable es que nos llame la atención. Mucho. En ese primer vistazo, no sabemos nada de él, pero queremos esa información. Lo mejor de Toxic Detective está en que Claudio Cerdán y Sergio Carrera la ofrecen, cumplen con ese propósito siguiendo las máximas más sagradas del entretenimiento y de las historias de origen, y dejando ese sabor deboca tan peculiar, que es el mismo que deja la portada con respecto a este relato: el de querer más. La presentación de este personaje es tan intensa y dinámica que no puede ser que esta historia se quede aquí. Ojalá que no hayamos visto el final y que este puede ser el primer álbum de una serie todavía más ambiciosa. Es cierto que poco más de medio centenar de páginas no permiten ir más allá de ese origen, pero todo lo que vemos está muy meditado, es eficaz en fondo y forma, bebiendo de numerosas fuentes pero sin dejar que nunca de ellas aplane la originalidad de su propuesta. No se puede pedir mucho más a una historia que se entiende como una formidable ficción pero que a la vez nos conecta con la realidad de una forma apabullante, que sabe ser un entretenimiento que sigue las reglas del blockbuster pero que a la vez deja dobles lecturas para quien las quiera aprovechar.
Toxic Detective parte de una condición conocida como sensibilidad química múltiple, que provoca todo tipo de malestares a quien la padece cuando se exponen a niveles muy bajos de sustancias químicas que la población en general no es capaz de percibir. La pregunta que se ha hecho Cerdán es doble. Por un lado, ¿cómo es la vida de quien la padece en un grado más extremo? Y por otro, ¿cómo sería un héroe pulp que tuviera esa afección? Las respuestas son tremendamente satisfactorias, pero con poco ofrece mucho. La inmediatez con la que escribe Cerdán es uno de sus mejores valores. No le hacen falta ni media docena de páginas para que sepamos qué es la sensibilidad química múltiple, aunque jamás hayamos oído hablar de ella, qué hace especial a Ray y qué es lo que le va a mover a salir al mundo exterior. Y eso, claro está, es una mujer, porque a Cerdán se nota que le gustan los arquetipos del género, del superheroico, del pulp, del noir, y por eso tiene que haber una mujer. Y mucha acción, la que de hecho nos introduce en el comienzo de la historia y la que nos conduce hasta el final, porque la adrenalina es uno de los factores fundamental de la propuesta. Es el medio por el que Cerdán nos hace empatizar con el protagonista, la historia deja para nosotros la misma sensación de ser algo extraordinario que para él la exposición a un entorno normal.
Siendo Toxic Detective una hábil amalgama de géneros, se agradece mucho el enorme esfuerzo que hace Carrera para que nos sintamos dentro de la historia en los momentos en los que predomina cualquier de ellos. No es una historia de superhéroes, pero lo parece; no es una trama noir al uso, pero la entendemos así a simple vista; y no tenemos por qué saber dónde se está desarrollando la acción, pero es un entorno urbano que podemos conocer y reconocer. El blanco y negro le sienta francamente bien tanto al protagonista como al relato, y la acción siempre luce muy bien coreografiada para que cumple con todos los propósitos que se marca. Y aunque las tintas marcan mucho el acabado final, y de alguna manera hacen que este detective se emparente con los héroes y antihéroes más conocidos y realistas del medio, Carrera controla bastante bien los negros para que esta no sea una historia excesivamente oscura. No tendría mucho sentido cuando el motor de la misma es otro bien distinto. Y hay que alabar también la forma en la que la misma tipografía, a través de las onomatopeyas, agrede al protagonista y de paso al lector, para alertarle de dónde están los peligros para Ray. Imaginemos Toxic Detective como un piloto de una serie o el primer acto de una película, pero celebremos que lo hayamos conocido en viñetas, porque ahí luce de maravilla.
El contenido extra lo forman una introducción de David Galán Galindo, unas notas finales de Claudio Cerdán, un postfacio de Sergio Carrera, un making of y una galería de ilustraciones de Julián Totino Tedesco, Vicente Cifuentes, Eduard Torrents, Renato Guedes, Max Fiumara, Claudio Sánchez Viveros, Dani Gove y Edgar-Max.
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