Guion: Nicolas Junker.
Dibujo: Nicolas Junker.
Páginas: 200.
Precio: 22 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Mayo 2021.
Nos vamos a permitir el lujo de comenzar hablando de Solas en Berlín asegurando que es un magnífico tebeo al que hacen justicia los premios que se enumeran en su contraportada. Nicolas Junker se asoma a ese aparente imposible de contarnos algo nuevo que esté relacionado con la Segunda Guerra Mundial, y lo hace a través de dos mujeres completamente distintas entre sí. Una roza lo inverosímil por su entusiasmo y juventud, una agente rusa del NKVD que busca los restos de Adolf Hitler y que miente en su edad para poder alistarse, la otra una trabajadora de la Cruz Roja, alemana, presa de los vencedores de la guerra, violada sistemáticamente y buscando una libertad que no ve por ningún lado. Y con estos dos perfiles tan complejos e imposible de fusionar, Junker hila un relato espléndido, intenso y dramático, uno en el que es imposible no sentir emociones en todo momento, incluso cuando la historia incluso parece asomarse sin miedo a la comedia, un retrato desgarrador de la posguerra, de lo que significa estar en el bando de los vencedores o en el de los perdedores, si es que la guerra no deja perdedores por todos lados. Y aunque el nombre de Hitler siempre nos haga pensar en historias grandes y transcendentes, de esas que cambian el curso de la historia, esta profundiza en lo más íntimo y personal de una manera que impresiona.
Junker nos pone en situación de la mano de la segunda de esas dos mujeres, sobreviviendo en una Berlín destruida y esperando la llegada de las tropas rusas como la única manera de salir del infierno de la guerra. Quizá el único elemento que pueda parecer discordante con el planteamiento de Solas en Berlín, que es precisamente la realidad de sus dos protagonistas femeninas, pueda estar en todo caso en esas primeras páginas, en las que el escenario es puramente bélico y la narración algo distinta de lo que vemos a partir de ahí. Se entiendo, no obstante, porque es la forma de Junker de abrir el fuego, de entender esa dicotomía entre los dos bandos y la desesperación por recibir a quienes habían de poner punto final a la guerra. Pero se nota un crecimiento espectacular en el mismo momento en el que las dos mujeres se cruzan, porque sus miradas sobre la vida chocan de una manera brutal y desgarradora. Sus conversaciones son brillantes, demoledoras para el espectador que siente todo lo que le sucede a cualquiera de las dos como algo propio. Es impresionante el nivel emocional que es capaz de asumir Solas en Berlín en un contexto histórico tan concreto y que funciona a muchos niveles. ¿Los restos mortales de Hitler? Una excusa sensacional para ir mucho más lejos y dar una visión que se sale de lo habitual.
Lo hace, también, por el estilo de Junker como dibujante, que es tan preciso que asusta. Es maravilloso cómo nos empapa de sensaciones tan distintas como las que provocan las bombas y el encierro de quienes quieren sobrevivir a esa macabra lluvia de proyectiles, y cómo cambia la historia de una manera tan radical en cuanto son las emociones de estas dos mujeres las que dominan por completo la historia. Es fascinante ver cómo chocan estas dos protagonistas, no solo por lo que son y por lo que han vivido, sino también por su mismo aspecto físico, por la forma en la que reflejan en su rostro la manera en la que han vivido la guerra que parece estar a punto de terminar, por cómo la misma experiencia que han tenido las dos por separado acaba uniéndolas profundamente. Junker se muestra magistral en el uso del bitono para ambientar la historia, sabe jugar con la oscuridad y también convierte sus retratos, que tienen rasgos aparentemente caricaturescos, en una forma brutal de comunicar realidad. Solas en Berlín es un auténtico mazazo emocional, un puñetazo en el estómago, una reivindicación feminista y un lienzo histórico brillante. Es una de esas novelas gráficas que seguramente no tendrán todo el eco que merecen, pero que desde luego hay que reivindicar por su elegancia, por su intensidad y por su maestría. Magnífica.
Casterman publicó originalmente Seules à Berlin en enero de 2020. No tiene contenido extra.
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