Guion: David Lorenzo.
Dibujo: David Lorenzo.
Páginas: 96.
Precio: 13,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Mayo 2021.
Si hablamos de La torre de los siete jorobados, antes incluso que la novela de Emilio Carrere, seguro que a muchos lo que les viene a la cabeza es la adaptación cinematográfica que Edgar Neville hizo en 1944. No estamos hablando de referentes cercanos, no, y como tenemos una industria cultural en la que parece que damos más importancia a los clásicos de otro lugar antes que a los nuestros, lo más probable es que muchos de los que se adentren en el cómic de David Lorenzo lo hagan sin tener demasiado conocimiento de la obra en la que se basa. Y es una pena, porque sí, como se dice en la contracubierta del libro, estamos ante una obra de referencia de la literatura fantástica española, que existe aunque desde tantos ámbitos se ningunee. Y el resultado de esta reinvención en cómic es bastante notable, porque tiene por un lado ese lado clásico que requiere una adaptación que nos lleva al Madrid de la época, pero al mismo tiempo un toque de vanguardia y diseño que hace de este cómic algo realmente apetecible desde la primera página. No, no es un tebeo convencional aunque siga una historia de manera lineal, porque nos mete de lleno en una historia cargada de sorpresas, dentro de su mismo relato pero también para quien no tenga idea de lo que tiene entre manos por la sagacidad de su planteamiento, de su escenario y de su misma adaptación.
El hecho de que hablemos de La torre de los siete jorobados como literatura fantástica, no hace que se pierda de vista un Madrid muy reconocible. Es parte del acierto de Carrere en la construcción de la historia, y es indudablemente un mérito que también le podemos atribuir a Lorenzo en su forma de encarar la historia. El autor no se deja llevar por esas pretensiones actualizadoras tan dominantes en nuestros días, y respeta por completo el espíritu y el tiempo de la novela original. Respeta también su legado cinematográfico, pero apuesta por un ritmo propio, por dar personalidad a los personajes desde los pequeños detalles iniciales, que son los que capturan la atención del lector antes incluso de que entre en juego ese componente fantástico, casi de terror como se acentúa en su brillante flashback. Impresiona el escenario, sí, y es el misterio los que nos lleva hasta el final, pero Lorenzo apuesta por sus personajes de una manera inequívoca. Importa tanto la leyenda que da nombre al título y los intentos de los protagonistas por encontrarla como el mismo misterio que les lanza a esta aventura o las motivaciones que van encontrando por el camino. Es una historia muy bien equilibrada y de un ritmo bastante más alto del que puede parecer en algunas ocasiones por la cantidad de texto que va conformando el relato, y eso tiene mérito.
En lo visual, además, Lorenzo es un autor muy impactante. Su forma de entender los personajes y la puesta en escena, desde una exageración que casi parece caricaturesca pero que no podría ser más cercana, es un apoyo tremendo para la historia. Sus colores, intensos en los detalles como se puede ver en los fondos o incluso en la piel de algunos personajes, un aspecto muy cuidado y que ofrece un formidable contraste cuando la oscuridad se apodera de la escena, especialmente en el tercio final. Para los conocedores de la historia, seguramente sea la faceta gráfica lo más llamativo, precisamente porque es lo único para lo que no van a estar preparados. Un Madrid clásico, una historia como esta, y el estilo es de lo más contemporáneo, lo que ofrece una deliciosa contradicción, de esas que el cómic puede hacer funcionar mejor que cualquier otro medio. Lorenzo lo ha entendido así, y por eso el resultado es tan brillante. Adaptar La torre de los siete jorobados, o cualquier novela que no sea de nuestro tiempo o no aparezca en los libros de texto, parece una empresa complicada, pero da gusto que se acometa con esa mezcla de respeto y osadía que ha aplicado Lorenzo. Una más que agradable sorpresa, de esas que anima a conocer más el género, al escritor, la misma novela y su adaptación cinematográfica. Y eso sí es mérito exclusivo de este cómic.
El único contenido extra es una introducción de Pedro Porcel.