Guion: Rie Arai.
Dibujo: Rie Arai.
Páginas: 192.
Precio: 8 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Marzo 2021.
Ya lo avisamos en el primer volumen de Historias absurdas (aquí, su reseña), su título reflejaba a la perfección el carácter de los relatos que contiene y se cruzan. Como la fórmula de Rie Arai era bastante efectiva dentro de sus normas, ¿por qué cambiarla en un segundo volumen? En otras palabras, si el primer Historias absurdas entretuvo a un lector es bastante más que probable que este segundo consiga el mismo efecto, porque juega con los mismos elementos y con las mismas sensaciones, con ese salto continuo entre personajes y escenarios, con esas situaciones que dentro de un aire teóricamente cotidiano y creíble acaban retorciéndose de tal manera que uno se pregunta qué es lo que está leyendo exactamente. Y no porque la fantasía se apodere del relato, sino precisamente porque encaja perfectamente en una realidad absurda. Arai sigue enganchándonos a través de un gato y nos lleva por un camino absolutamente inclasificable y cambiante, en el que no necesita una narrativa lineal o en la que un segmento tenga algo que ver con el siguiente, precisamente porque su aliado principal está en el absurdo del título. Incluso sin la sorpresa que siempre garantiza un primer volumen, el experimento se mantiene fresco y divertido en todo momento porque Arai se mantiene fiel a sus normas… o a la inexistencia de las mismas.
¿De qué otra manera si no se puede entender que nos parezca interesante cualquier reflexión de una gata perezosa? ¿O cómo podemos siquiera llegar a comprender la rivalidad que se establece por un chico entre su novia y su mascota, que no es otra cosa que una paloma? ¿Y cómo podemos no divertirnos pensando en lo que nosotros mismos habríamos imaginado si después de un pedido en un restaurante de comida rápida que incluye un número elevado de hamburguesas nos preguntaron si, yendo solos, es para consumirlo en el restaurante? Es extraña la vinculación que Arai establece con la realidad para que haya una conexión con el lector en sus Historias absurdas, bebiendo clara y directamente de ese mismo absurdo como elemento fundamental de su narración. Su paradoja es también su mayor dificultad, porque es evidente que no estamos ante una serie para todos los paladares, y eso también es parte de su gracia, porque parecen chistes de esos que a veces no se cuentan por miedo a no hacer gracia. Para entrar en Historias absurdas, desde luego, hay que llegar sin prejuicios, desinhibidos, con ganas de reírnos de todo y de todos, y de encontrar el lado más ridículo hasta de las situaciones más cotidianas. Esa es la mejor manera de afrontar el trabajo de Arai, lo era en el primer libro y se mantiene en este.
Visualmente no hay demasiados cambios. Puede atisbarse un mayor atrevimiento en algunos instantes, levemente en todo caso, pero Historias absurdas y Arai tienen un estilo muy definido que ya quedó claro en la presentación de la serie. La autora es capaz de hacer que nos creamos a un gato que no habla pero como si lo hiciera o a una paloma con mirada de loca al mismo tiempo que nos da la mejor manera de conectar con personajes humanos, desde su retrato más realista hasta la caricatura más evidente. Las exageraciones son divertidas, y llama mucho la atención como parte de su puesta en escena la forma en la que utiliza los bocadillos, cambiantes en tamaño y forma para que se adecúen a lo que cada secuencia quiere transmitirnos. Pero es que hasta cuando quiere hacer retratos de gran belleza lo consigue, mostrando una versatilidad muy agradable. Todo, Enel fondo, acaba siendo divertido en los lápices de Arai precisamente porque estamos ante un manga de lo más absurdo, pero no por error sino por vocación. ¿Cómo no encontrar el lado divertido de esa propuesta? Habrá personajes e historias que gusten más y otros que convenzan menos, pero como todo tiene un ritmo tan alto y el salto de unos a otros es tan continuo parece difícil que haya alguna laguna aburrida en el marco de una serie chocante y muy entretenida.
Shogakukan comenzó a publicar originalmente Yotabanashi en 2012. No tiene contenido extra.
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