Guion: Pere Pérez.
Dibujo: Víctor Santos.
Páginas: 64.
Precio: 25 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2021.
Qué bueno es tirar de vez en cuando de memoria en este mundo tan pendiente de la novedad y de lo reciente. En ese sentido, al publicarse El lobo sobre el mar de las bestias es inevitable echar la mirada atrás, casi una década, y recordar el magnífico entretenimiento que nos propusieron Víctor Santos y Pere Pérez en Ragnarok, una visión magnífica y espectacular sobre la caída de los dioses nórdicos. Lo divertido es que Santos y Pérez se han cambiado los papeles para su retrato de la figura del Berserk, la figura guerrera por excelencia de la misma mitología. Si Santos entonces escribía, ahora dibuja. Y si Pérez era quien ponía los lápices, ahora es quien se ocupa de las palabras. Comparar ambas obras es uno de esos absurdos en los que podemos caer y que no tendrían sentido porque son dos obras muy distintas que, simplemente, tienen los mismos nombres en la cubierta, aunque sea en otros roles. Si acaso, podemos establecer una clara relación entre ambas a través de la oscuridad. No, ni Ragnarok ni El lobo sobre el mar de las bestias son relatos heroicos, sino más bien salvajes y violentos, una visión descarnada de lo que en otras anteriores ha podido tener algo de romántico. Esta, desde luego, es una cruda historia de venganza en la que no hay demasiado margen para buenos sentimientos o personajes en los que creer, más allá de su determinación.
Pérez opta por una estructura curiosa. Es, desde luego, un regreso al hogar de un guerrero caído. Uno que tendría que haber muerto, idea la de la muerte con la que juega desde diferentes puntos de vista para enriquecer el conjunto. Se antoja, si queremos verlo así, como una obra algo corta para lo que podría haber sido con un protagonista tan contundente, pero va directa al grano, y eso también es un importante valor añadido. Juega con el ideal del guerrero, con la mujer que le espera tras sobrevivir al campo de batalla, con la traición como eje fundamental de la caída en desgracia del héroe local. Disfruta con la mitología en la que se sumerge, y nos hace partícipes de ella, nos sumerge hasta tal punto que sus normas, las de estos guerreros considerados como bestiales e incontrolables, se acaban convirtiendo en algo natural, incluso cuando implican la muerte en sus acciones. Y da gusto ver que con tan poco, en páginas y en personajes, la historia no solo no resiente sino que se entiende perfectamente. La amada, el niño que quiere ser Berserk, el anciano con su propia historia, los ladrones de caminos con los que se encuentra nuestro protagonista. Todo tiene un papel concreto y bien engrasado en una historia que funciona como un tiro precisamente porque no tiene intención de alargarse más de lo debido. Si con poco se encuentra épica, ¿para qué extenderse más?
Con cada uno de sus cómics lo decimos, pero es que es importante insistir en que Santos está a un nivel superlativo. Su estilo ha alcanzado ya una personalidad indudable, pero su eficacia narrativa no para de crecer. Polar (aquí, reseña de su primer volumen) podría haberle definido y hasta encasillado, pero su estilo varía sutilmente con las necesidades de cada historia. Es un maestro de la violencia gráfica, independientemente del género que toque, pero es una auténtica delicia ver cómo se adapta al medio y a los personajes con semejante naturalidad. Es un espectáculo verle coreografiar combates, eso es algo que lleva poniendo en práctica bastantes años, pero el formato apaisado de El lobo sobre el mar de las bestias le permite crear una atmósfera apabullante. Los efectos de iluminación que tiene este trabajo son soberbios, casi sorprendentes para quien tan buen resultado ha venido sacando del blanco y negro. Y la naturaleza que envuelve al protagonista, sea nieve o fuego, hace que se redondee un trabajo mucho más superlativo de lo que podría llegar a parecernos en primera instancia si solo nos fijamos en las claves del estilo de Santos. Estamos ante un tebeo brutal en todos los sentidos, uno que se nota que se ha hecho con gran cariño a la temática guerrera a la que pertenece y que agranda la figura de sus dos autores. Bravo.
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