Guión: Arata Miyatsuki.
Dibujo: Yuya Kanzaki.
Páginas: 204.
Precio: 9 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Enero 2021.
Con el paso de los números se va viendo mejor el efecto de Crimen perfecto. Arata Miyatsuki y Yuya Kanzaki han encontrado ese tono perfecto y vibrante de enfrentamiento climático a ambos lados de la ley entre un asesino sobrenatural y un policía obstinado, y le están dando forma con una intensidad notable. La serie había mostrado hasta ahora dos caras distintas pero complementarias. Por un lado, las ejecuciones de los asesinatos, meticulosas y buscando siempre un giro final que sorprenda al lector. Por otro, una persecución policial, un thriller que cae al terreno más personal de su protagonista para que la intensidad crezca número a número. Esta segunda vía es la que había tomado el protagonismo evidente en las últimas entregas y llega a un nuevo punto climático en este sexto número, uno que ahonda en los méritos de una serie que sigue proporcionando un entretenimiento notable. Y llegados a este puntos, se agradece el paréntesis para regresar al primer punto de vista por el que optan para relajar la tensión, al menos la que tiene que ver con el agente Tada, porque Crimen perfecto no sabe de escenarios tranquilos. Y se agradece, porque lo episódico funciona tan bien como la continuidad, y los crímenes perfectos puntuales son tan astutos como la propia historia de fondo, que se sigue ampliando con absoluta naturalidad.
Por fortuna, ese doble espíritu que tiene la serie escrita por Miyatsuki no está en lucha. No es separable ni independiente, aunque de alguna manera sirva para que sus capítulos, al menos muchos de ellos, casi se puedan leer de manera independiente, como si esto fuera Creepshow o algo parecido. Pero Crimen perfecto no busca eso, al menos no de una manera pura. No lo improvisa. Más bien se podría decir que juega con el lector de la misma manera que Usobuki lo hace con Tada, creando un círculo que tiene cierta gracia. Y aunque en algún momento pueda parecer que se mete en el bucle interminable del asesino que siempre se escapa, lo que sucede a su alrededor mantiene de alguna manera la tensión necesaria para que entendamos que cualquier resultado es posible en cada uno de los episodios, aunque la misma continuidad de la serie nos invita a pensar que no es aquí y ahora, al final de cada encuentro, donde se resolverá nada en concreto. No es una pugna creativa fácil y, la verdad, el desarrollo de la misma está siendo bastante atractivo. Después de seis volúmenes, cabría pensar en una posible reiteración, pero Miyatsuki la está sorteando con mucha soltura y atrevimiento, colocando asesinos donde no cabía esperarlos, incluso sabiendo que lo inesperado es siempre la opción más probable dentro de Crimen perfecto.
En cuanto al dibujo, se mantienen las mismas sensaciones, muy positivas, que ha venido dejando Kanzaki en los números precedentes de la serie. Por un lado, hay una manera muy acertada de plasmar la violencia, incluso con un certero punto de terror que no solo procede de la presencia sobrenatural de Usobuki, y por otro hay mucha habilidad para dejar que sean los personajes los que nos conduzcan por todo lo que sucede en la historia. Como son tan cambiantes, Kanzaki tiene la ocasión de hacer que cada segmento sea diferente, incluso los que protagoniza Tada por el giro de guion que vimos en el anterior volumen (aquí, su reseña), su amnesia, que se prolonga en esta entrega. No hay dos personajes iguales, ni siquiera parecidos, en el Crimen perfecto de Kanzaki, y eso, que ya tenía mérito en el arranque de la serie, tiene mucho más valor cuando se ha alcanzado ya el sexto volumen y cuatro decenas de episodios. Y no hay signos de agotamiento, al contrario, hay todavía una frescura notable que se aprecia en cada segmento. No estamos ante Death Note (aquí, su reseña), pero no estaría mal que consideráramos Crimen perfecto como un atractivo sucesor espiritual, uno que quiere jugar con la muerte sobrenatural como motor de una historia bien llevada, aunque por vocación propia de un alcance más limitado que la de Tsugumi Ohnba y Takeshi Obata.
Shueisha comenzó a publicar Funohan en 2013. No tiene contenido extra.
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