Guion: Miguel Calatayud.
Dibujo: Miguel Calatayud.
Páginas: 104.
Precio: 16,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Abril 2021.
Hay que dar las gracias a las editoriales que apuestan por recuperar la historia más fascinante del cómic español, aquella que surgió de las atrevidas revistas que se ganaron con historias diferentes una porción del mercado que hoy, por desgracia, ya no es más que un recuerdo. Quienes leyeran Trinca o Cairo saben perfectamente quién es Miguel Calatayud, pero para quienes no lo hicieran esta reinvención de La Pista Atlántica les da suficientes pistas en los textos y la entrevista que preceden al cómic para que tengan un contexto claro que les permite disfrutar de una obra que, por encima de todo, hay que valorar como adelantada a su tiempo. ¿No lo era en muchos casos ese cómic independiente español que tan distinto parecía? Ojo, hablamos de reinvención porque lo que vemos en este libro no es la obra original, sino una restaurada, mejorada y homogeneizada para que las dos aventuras que contiene el volumen, la que le da título y El Proyecto Cíclope, ofrecen sensaciones sensoriales más parecidas. Y eso es otro de los motivos por los que hay que estar agradecido con este libro en las manos. No es solo que el cómic de siempre, incluso el más escondido, siga vivo, es que además ha encontrado la manera de revivir en todo su esplendor, exprimiendo todo el potencial que los medios de entonces cercenaban o limitaban.
La Pista Atlántica sigue los pasos de Gili Lacosta, un investigador privado, en un entorno futurista de inequívoco ambiente retro, y lo primero que llama la atención en la construcción de su universo es el brutal clasicismo que tiene en su base. El arquetipo del detective privado, ese que ha funcionado durante todo el siglo XX con una precisión envidiable, le da ese tono a una historia que, en sí misma, quiere ser innovadora y vanguardista, que quiere explorar los terrenos de una ciencia ficción distinta, en la que hay por supuesto avances tecnológicos y sociales evidentes, pero en la que destaca la percepción de los personajes dentro de una sociedad que sabe jugar entre las semejanzas y las diferencias con respecto a la nuestra. O, mejor dicho, comparada con la que teníamos hace algunas décadas. Los misterios que plantea Calatayud son inteligentes, están muy bien llevados, sirven para que podamos disfrutar del arquetipo de su protagonista, del tono de buddy movie que también sabe emplear, de la particular manera en la que introduce a los personajes femeninos, más como figuras relevantes de la sociedad que como femme fatales o damiselas en apuros, que es lo más tradicional del género. No es nada fácil mostrar algo tan distinto y personal jugando con tantos elementos conocidos, y sin embargo La Pista Atlántica lo es.
Quizá podamos pensar, y no nos faltaría razón, que su vanguardismo y atrevimiento procede en buena medida de su dibujo. Calatayud tiene unas formas muy llamativas, líneas que no tiene miedo a exagerar ni para la composición de unos fondos apabullantes ni para potenciar la presencia física de sus personajes, para hablar de la sensualidad de las mujeres o de la rudeza de los hombres, que son los rasgos más básicos que les otorga. Tanto en La Pista Atlántica como en El Proyecto Cíclope, hay elementos de ciencia ficción que asimilan ese aspecto retro del que hablamos, y aunque ese sea un recurso que hemos visto en incontables historias de género resulta dificilísimo encontrar referentes obvios para el trabajo del autor. Es, para bien casi siempre, una obra única y distinta, una que entiende el noir como un camino universal para contar historias en cualquier época y contexto. Y justo eso es La Pista Atlántica, una de esas rarezas que nos dio la revista cuando era el motor del cómic independiente español que ahora cuenta con una nueva oportunidad. En contexto o sin él, lo cierto es que lo que vemos del mundo de Gili Lacosta deja con ganas de más, porque ni por asomo da la sensación de ser algo agotado. Para qué vamos a pensar que pueda haberse quedado viejo, cuando se trata de una obra tan fresca y dinámica como lo era el primer día.
El contenido extra lo forman sendas introducciones de Álvaro Pons y Pedro Porcel y una entrevista al autor de Porcel y Pablo Herranz.
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