Guion: Jonathan Garnier.
Dibujo: Yohan Sacré.
Páginas: 64.
Precio: 14 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Agosto 2019.
Se ha escrito ya tanto sobre el camino del héroe, que podría dar la sensación de que es un tema trillado. Aventuras iniciáticas de un aspirante a serlo, propuestas que sirven para contarnos los primeros viajes de un héroe distinto, las hay a patadas. Y sin embargo es un concepto que funciona y entretiene. Timo el aventurero, en su primera mitad, encaja muy bien en el modelo y el éxito de los que los hablamos, porque la historia de Jonathan Garnier dibujada por Yohan Sacré nos hace descender a esta idea de la mano de un niño. Es decir, no hay un plan preconcebido porque la ingenuidad infantil da un enorme protagonismo al azar, a que cargando con una mochila bien planteada las cosas del aventurero le lleguen a pasar porque tiene que ser así. Y poco a poco es lo que va sucediendo en este primer álbum de la serie. Timo se va encontrando con pequeños retos, con otros personajes, con pruebas que superar, y va anotándolo todo en un cuaderno de viaje, en un diario que tiene que preservar por escrito su aventura, del mismo modo que todos los libros que ha leído contienen las de otros que un día también dejaron su hogar para vivirlas. El grado de fantasía que tiene Timo el aventurero es notable, pero se agradece que tenga tantos mensajes anclados en la realidad para ser una espléndida lectura para los más pequeños.
Timo comienza su aventura, en primer lugar, porque ha leído ya todas las que podía leer. Ya no hay en su entorno más libros, sustento de su imaginación y de su experiencia, y es por eso que decide lanzarse él mismo a la aventura. No hay mejor manera de decir lo importante que es leer a temprana edad para enriquecer la mente y la perspectiva. A partir de ahí, lo que manifiesta Timo es una curiosidad sanísima para un crío, salga o no a vivir esas aventuras de la misma forma que nuestro protagonista. Las páginas de su diario, aquellas en las que intenta explicar todo aquello con lo que se encuentra aunque sepa que no forma parte de su conocimiento, es una espléndida manera de decir a un joven lector que nunca lo va a saber todo, pero que experimentar siempre es positivo. Y finalmente tiene un mensaje claro sobre el trabajo en equipo y la confianza en uno mismo. No es tanto que querer sea poder, que sería la conclusión más lógica, sino que hay que confiar en los demás y en lo que cada uno de nosotros puede hacer por ellos, porque las buenas acciones siempre tienen recompensa de una u otra manera. Si a eso añadimos ese componente de aventura fantástica, criaturas distintas y hasta riesgos mortales, podemos concluir que Timo el aventurero tiene clara su idea, su desarrollo y hasta dónde nos quiere llevar.
Hay una sencillez bastante deliciosa no solo en el planteamiento sino también en el dibujo de la obra. Sacré parte de un diseño bastante evidente y director en sus personajes, a los que exagera ciertos rasgos (las cejas, por ejemplo, en Timo) para darles una mayor personalidad, y los mueve en escenarios básicos pero no por ello menos inteligentes o trabajados. Y consigue objetivos muy parecidos con elementos que a simple vista parecen sencillos de aplicar pero que tienen claros propósitos narrativos, desde las propias ilustraciones con las que Timo nutre su cuaderno de viaje a la espléndida forma en la que Sacré juega con la iluminación de las escenas. Las onomatopeyas son otro de los elementos que confirman que Timo el aventurero busca por encima de todo una comprensión clara y sencilla de sus mensajes y situaciones. Una primera aventura, y más cuando el protagonismo es un niño de corta edad que está jugando a ser mayor, siempre tiene elementos interesantes. Garnier y Sacré consiguen que nos encariñemos con Timo casi de inmediata por su amor a la lectura y convencen con su mundo porque tiene las necesarias dosis de imaginación como para que entremos en su juego desde que el pequeño protagonista sale de casa. ¿Quién dijo que la sencillez está reñida con el éxito narrativo? Porque si alguien lo dijo, seguramente se equivocó.
Lombard publicó el primer álbum de Timo, l’aventurier en julio de 2018. No tiene contenido extra.
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