Guion: Kenya Suzuki.
Dibujo: Kenya Suzuki.
Páginas: 120.
Precio: 10 euros.
Presentación: Sobrecubierta.
Publicación: Marzo 2021.
Con el primer número de ¡Cuéntame, Galko-Chan! (aquí, su reseña), ya era bastante obvio que estábamos ante una serie peculiar. Kenya Suzuki nos mete de lleno en un grupo de chicas adolescentes y en unas conversaciones que parecen auténticas marcianadas para quien no conozca de primera mano su manera de ser y de vivir, para quienes no estén dentro de su universo, aunque sea como espectadores. Y aunque su misma estructura de preguntas a responder precisamente con las interacciones de estas muchachas pueda sugerir un desarrollo infinito, a la vez parecía imposible que pudiera mantener la misma frescura en este punto, cuando ya hemos llegado al cuarto volumen de la serie. Lo curioso es que sigue así, con ocurrencias divertidas, con pequeños cambios en su estructura para abandonar las preguntas y adentrarnos, por ejemplo, en las películas, y todo dentro de la particular lógica de unas protagonistas que caen simpáticas desde el principio y consiguen trascender el público femenino adolescente al que seguramente va dirigido este manga para llamar la atención de otro tipo de lectores. Sus respuestas no van a cambiar la vida de nadie, ni desde luego lo pretenden, pero más de una sonrisa sí van a sacar con sus ocurrencias, tan ingeniosas como ingenuas en muchas ocasiones.
Puede que esa sea la clave de la propuesta de Suzuki y de que se mantenga esa frescura de la que hablamos, el hecho de que haya conseguido construir unos personajes bien definidos pero que en realidad tienen todavía mucho que aprender sobre la vida, lo que hace que sus disquisiciones y argumentos tengan lógica muy, muy particular. Eso lleva a que lo que dicen no sea en muchas ocasiones una respuesta directa a las preguntas que se plantean, lo que aporta una dimensión distinta a lo que dicen y piensan. El juego es claro, ¡Cuéntame, Galko-Chan! no es un libro de autoayuda para adolescentes, ni quiere ofrecer las claves para que la vida de una quinceañera tenga éxito indiscutible, no es la historia de unas triunfadoras ni tampoco una lección moral de la que se vayan a aprender modelos de conducta. Es, simple y llanamente, una colección de sketches divertidos y simpáticos, juguetones también con respecto a la incipiente vida sexual de estas chicas para cumplir con la autoexigencia que Suzuki se plantea con la misma presentación de la serie, gags que evolucionan lo justo para no salirse de lo que después de cuatro volúmenes uno puede esperar de estas chicas pero que a la vez mantenga una más que razonable capacidad de sorpresa. En ella, desde luego, está la posibilidad de reír al final de cada secuencia.
Ahí y, desde luego, en su dibujo, ¡Cuéntame, Galko-Chan! sigue manteniendo su principal baza en la manera en la que se nos presenta a sus protagonistas. La exageración del físico de estas chicas, que al principio puede incluso plantear dudas sobre el objetivo real de esta serie e incluso sobre su público preferente, hace tiempo que dejó de ser un problema, porque es obvio que prima la simpatía sobre cualquier sexualización que el lector pueda procesar. Se trata de empatizar con estas muchachas, y sus cuerpos, esos que están aprendiendo a conocer, son parte de su historia y de sus inquietudes. Al no haber malicia en la base, no lo hay en su ejecución visual, y eso nos permite entenderlas desde el punto de vista que pretende Suzuki, que sabe moverse en esa contradicción aparente entre lo normal y lo bello que la tiranía de la moda parece vender como imposible. Eso es la base de sus aciertos, junto con ese festival de colores llamativos, casi de lápices de colores, con el que ilumina cada secuencia. Llevamos ya cuatro volúmenes de la serie, sí, y la mejor noticia para sus seguidores es que este tercero se puede leer con la misma tranquilidad que el primero, porque todos los elementos que hacían de esta una serie divertida y original, aunque de alguna manera sea también algo culturalmente bastante local. Y no hay signos de agotamiento en la fórmula, que ya es decir.
No tiene contenido extra.
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