Guion: Jorge Alonso Gancho, Manuel Álvarez, Carlos Beck Kalitro, Pablo Castillo Ziru, Joaquín Guirao, F. Neftalí Iglesias Varela, José Luis Romero Repelux, José A. Valenzuela Fleibur.
Dibujo: Jorge Alonso Gancho, Manuel Álvarez, Carlos Beck Kalitro, Pablo Castillo Ziru, Joaquín Guirao, F. Neftalí Iglesias Varela, José Luis Romero Repelux, José A. Valenzuela Fleibur.
Páginas: 150.
Precio: 12 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Febrero 2021.
Si en la solapa de un libro como Cartones perros hay que colocar un texto encabezado por el título de ¿Qué es esto?, ya podemos tener una idea de que la gracia está precisamente en intentar comprender o explicar exactamente lo que estamos leyendo. De manera breve, podemos decir que Cartones perros es una de esas bizarradas que no tienen una explicación real, un proyecto colectivo que nace de Internet y que ahora da el salto a la edición impresa, un rompecabezas de historias cortas que no tienen demasiado sentido dentro de un universo que tiene menos sentido todavía… o que sí lo tiene precisamente por lo loco que es. Hay ocho cabezas pensantes detrás de todo esto, así que algo tiene que haber para sustentarlo, y lo cierto es que el resultado es algo tan extraño que resulta complicado no aferrarse a cada uno de los capítulos del libro esperando encontrar algo distinto a lo anterior. Y la cosa es que, una paradoja más, tiene una unidad fascinante esta suerte de recopilación de las aventuras de dos tipos que se llaman Chope y Presunto que tienen unos diálogos rocambolescos y que viven unas aventuras que todavía son más extrañas. Fuera prejuicios, lanzaos de cabeza a la basura en la que se encuentran los dos chavales protagonistas… y suerte, que en el humor, y más en un humor como este, es bastante necesaria.
La cosa es que tenemos a ocho autores, cinco de los cuales presumen además de nick en redes sociales para identificarse, y un mundo absolutamente absurdo que cuenta con una ventaja evidente a la hora de ser construido: la libertad. Cartones perros es, literalmente, ver a estos ocho autores hacer lo que les viene en gana, sin filtros, sin cortapisas, sin miedos y con ganas de divertir(se) montando unas píldoras de muy diversos estilos con un espíritu fanzinero bastante evidente. Y eso, que podría haber desembocado en un descontrol absoluto… sí, desemboca exactamente en ese punto. Cartones perros no necesita más normas que las que impone cada uno de sus responsables en un momento dado, y de hecho no las quiere. Limita esto en cierta medida el alcance que pueda tener una obra pensada claramente para el gusto de un lector underground, eso es evidente, pero hay tanta disparidad y casi contradicción de estilos que hay mucho que rascar en este cajón de sastre, o cajón desastre, que por momentos también nos vale esa definición para este descacharrante invento. No merece la pena que nos detengamos en cada episodio, casi ni siquiera en lo que hace cada uno de los autores, porque en la mezcla bruta está la gracia de leer este rocambolesco invento, uno de esos que sale de una noche de birras y sale adelante por el empeño de quienes lo impulsan.
Hablábamos de una disparidad de estilos en el libro, y eso no solo atañe a sus historias, sino que se multiplica en el dibujo. La misma portada ya nos anticipa que vamos algo raro de narices, y según vamos pasando las páginas aumenta la psicodelia de una lectura que salta con absoluta naturalidad del color al blanco y negro, de los lápices a los rotuladores, de lo muy claramente digital a algo que surge directamente del espíritu ¿difunto? del fanzine. Hay absolutamente de todo, y por eso pasar las páginas de Cartones perros es una sorpresa continua, no solo por su aspecto de antología, que en el fondo es lo que es, con los mismos personajes saltando de una forma de interpretar el cómic a otra, sino también por ese aspecto visual tan cambiante, esas narrativas tan distintas entre sí que van sumando para que lo que tenemos entre manos sea una propuesta diferente a prácticamente todo lo que se pueda publicar ahora mismo. ¿Y todo esto cómo se come? Con muchas ganas de reírse y alucinar a cada paso, porque ese es el objetivo, el de apelar a lo más básico, a eso que nos haga pensar que estamos ante un grupo de autores que están tan chalados como para pensar que lo que escriben y dibujan pueda generar en un lector lo mismo que les ha pasado a ellos mientras imaginaban todo esto.
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