Guion: G. Willow Wilson.
Dibujo: Christian Ward.
Páginas: 134.
Precio: 17 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Febrero 2021.
Dos premios Eisner, a mejor serie nueva y a mejor artista digital, son la carta de presentación de Invisible Kingdom. No es mal comienzo, pero siempre es mucho mejor dejarse llevar por lo que hacen los autores. En este caso hablamos de G. Willow Wilson, a quien ya hemos visto triunfar sobre todo en Ms. Marvel (aquí, reseña de su primer volumen), y en menor medida también en Wonder Woman (aquí, reseña de su primer volumen), y Christian Ward, a quien hemos visto menos pero que sí ha dejado su sello en series como American Gods o Black Hammer. Tampoco es una mala carta de presentación. ¿Y la historia? Esa es la mejor de todas. Estamos en un escenario claro de ciencia ficción en el que Willow Wilson no abandona ese protagonismo femenino que tanto le gusta. Y qué bien que no lo haga, porque aquí da voz a dos mujeres muy distintas entre sí cuyos caminos se van uniendo poco a poco y de la manera más insospechada al principio, con la fe como tema claro y evidente. Distintos tipos de fe, pero fe al fin y al cabo. Lo que vemos no podría haber dejado mejor sabor de boca, se entiende el galardón del que hablábamos al principio porque en este mundo editorial en el que siempre nos parece que lo hemos visto todo da gusto encontrar frescura precisamente en los géneros más trillados. Hemos visto miles de series de ciencia ficción, pero esta es buena y diferente. No necesariamente innovadora, no le fase falta, pero con muchos puntos a favor.
El esencial, sus dos protagonistas esenciales. Willow Wilson ya lleva tiempo dejando claro que si algo le gusta es dar una voz única a sus personajes. No son intercambiables, no son arquetipos, no funcionan como entes unidimensionales. Son de carne y hueso. Y por eso es tan fácil conectar con ellas, aunque provengan de mundos desconocidos o piloten naves espaciales imposibles. Si ellas no fueran dos personajes tan bien definidos, la historia habría hecho aguas. Y si no es así, es precisamente porque la fe de la que quiere hablar WIllow Wilson encaja en la trayectoria vital de ambas, y seguramente no solo en la de ellas, sino también en la de otros muchos personajes. Invisible Kingdom habla de corrupción, habla de poder, habla de desidia, habla de lucha y esfuerzo, habla de la supervivencia lejos de los sueños y de esos sueños cuando se convierten en imposibles. Y lo curioso es que tiene trazas de gran historia, pero partiendo de detalles bastante pequeños en realidad, casi íntimos. Ninguna de las dos protagonistas quiere salvar el universo, solo hacer lo correcto, y en ese camino es cuando se cruzan y se entienden, aunque sean dos mujeres que nada tienen que ver la una con la otra. Hay todavía mucha tela que cortar en este universo, pero la sensación es la de que estamos en una muy buena línea, con lo que hemos visto y con lo que se puede intuir para el futuro.
Ward, además, pone la magia en esas dos facetas de Invisible Kingdom. Lo llamativo son los colores, las formas, todo lo que hace que nos sintamos en mundos lejanos, es algo que funciona ya desde la cubierta. Intriga por exótico y extraño, por formas y colores, porque es una pieza tan obvia como atrevida de ciencia ficción de la que caben esperar muchas cosas según vayamos conociendo personajes y escenarios. Sobra decir que por ese lado no defrauda en lo más mínimo. Pero sería injusto quedarnos en eso. Invisible Kindgom no son solo fuegos de artificio para el deleite de la vista, sino que los personajes reciben el mismo mimo que en los guiones de Willow Wilson. Los rostros, por alienígenas y extraños que nos parezcan, rezuman humanidad. El lenguaje corporal, tantas veces olvidado en una narración gráfica secuencial que quiera ir más allá de la viñeta espectacular o de la splash page, es fantástico en los personajes de Ward. Se intuyen emociones desde la simple colocación de los actores en la viñeta. Puede que haya que ir más allá de esa primera capa superficial de colores para entender este trabajo en toda su magnitud, pero merece la pena detenerse en la lectura para ver esos detalles y recrearse con ellos, porque son consustanciales a los éxitos de una serie que empieza a un nivel muy alto que ojalá sepa mantener.
El volumen incluye los cinco primeros números de Invisible Kingdom, publicados originalmente por Dark Horse entre marzo y julio de 2019. El contenido extra lo forman las cubiertas originales de Christian Ward, un portafolio de bocetos y diseños del ilustrador y unas notas finales de G. Willow Wilson.
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