Guion: Jorge Palomar.
Dibujo: Paco Camallonga.
Páginas: 96.
Precio: 18,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Febrero 2021.
Pocas veces habremos visto el escenario del franquismo, en todo su desarrollo, aplicado con tanto acierto a una historia que, en esencia, nada tiene que ver con política, con la dictadura o con la represión ideológica. Pocas, desde luego, como Cachorro, que nos propone un thriller policiaco que arranca en 1938 y finaliza en 1987 y que Jorge Palomar y Paco Camallonga nos proponen en dos líneas temporales. El acierto que hay en ambas por separado y en la fusión narrativa que se entrelaza entre ellas es notable, es una de esas lecturas absorbentes en las que tiene tanta importancia el escenario general que se siente e intuye como el drama particular que atenaza al protagonista, un huérfano que acaba convertido en inspector de policía en la España de mediados del siglo XX y que acaba encarcelado por un crimen que en realidad sigue en vías de resolución en el presente de los años 80. Hay mucha inteligencia en el planteamiento, en el desarrollo que ejecuta Palomar, y un atractivo bastante evidente en el dibujo con el que Camallonga da vida a personajes y situaciones. Cachorro es una obra valiente y atrevida, que no se asusta ni por el marco ni por los hechos concretos que narra, que sabe que juega con un policiaco turbio y con una sociedad enferma, y que como el gran cine policiaco de los años 70 maneja un protagonista que sabe moverse en los grises de la realidad.
Esa es, quizá, la primera piedra sobre la que Palomar hace pivotar su historia, su protagonista, aunque seguramente no es la primera. Ese trabajo original en Cachorro se intuye en la construcción cronológica del relato, que afecta a sucesos reales en alguno de sus tramos y que se establece en base a abusos de poder que encajan perfectamente en esa realidad. A partir de ahí es donde entra en juego Cachorro, y su creación es igual de acertada y meditada que la del contexto. La fusión es formidable. Este es un personaje nacido para entrar en ese escenario, es perfecto en toda su extensión, en su dimensión de antihéroe trágico, condenado por un crimen que sabe que no ha cometido y atormentado por ello hasta el punto de que, tras décadas en prisión, se convierte en nuestro narrador de tan dramáticos acontecimientos. SI demoledor es el relato que nos propone Palomar, su final es sencillamente brutal, colofón perfecto a una historia que sabe cerrarse de una manera brillante, que sabe conmover cuando lo necesita y que, a la vez, tiene un impacto continuo en el lector. Es una apuesta casi segura involucrar a niños en algo tan macabro y decadente, pero hay mucha elegancia en la forma en la que el escritor nos muestra lo que le interesa para el relato y oculta lo que resulta necesario para que el lector complete los vacíos.
Cachorro tiene una intensidad brutal, y la tiene también por el dibujo de Camallonga. No es su apuesta una excesivamente realista de partida, pero consigue que nos olvidemos de la caricatura con facilidad, como si ese fuera el aspecto de personajes de carne y hueso a los que podemos tocar. Esa es la mayor cualidad de su trabajo, la de meternos de lleno en el contexto y en las emociones de los personajes. Sobre el papel es todo un desafío poner a un protagonista como Cachorro en momentos de emoción desbocada, pero ahí también triunfa el ilustrador, que nos enseña a este rudo y violento policía en facetas completamente distintas, más personales, con una conexión evidente con una niña pequeña y en momentos de ira al recordar su turbulento pasado. Hay un rango de emociones increíble en los rostros de los protagonistas, incluso en el principal en oposición al resto, emblemas de poder o de autoridad que funcionan desde el principio. Cachorro es una auténtica delicia, es un thriller formidable de los que se quedan grabados en la memoria por su alcance y no solo por los momentos más impactantes, y a los que da la sensación por lo inteligente que es su narración de que siempre será gustoso regresar para nuevas relecturas. Un gran descubrimiento, una muy grata sorpresa, un cómic de muchos quilates.
El contenido extra lo forman un prólogo de Paco Roca, un epílogo de Jorge Palomar y un portafolio de bocetos de Paco Camallonga.
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