Título original: Batman: Soul of the Dragon.
Director: Sam Liu.
Reparto: David Giuntoli, Mark Dacascos, Kelly Hu, Michael Jai White, James Hong, Jamie Chung, Josh Keaton, Chris Cox, Robin Atkins Dowes, Grey Griffin, Patrick Seitz, Eric Bauza, Erica Luttrell.
Guion: Jeremy Adams.
Música: Joachim Horsley.
Duración: 83 minutos.
Distribuidora: Warner.
Estreno: 12 de enero de 2021 (Estados Unidos, digital).
Cuando uno ve el nombre de Batman en el título de una película es lógico esperar que, de una u otra manera, sea una aproximación al mundo del Caballero Oscuro o una inmersión lógica de este en un mundo distinto. Batman. Soul of the Dragon falla precisamente ahí. Ese personaje que vemos en pantalla podría ser Batman como cualquier otro. No da nunca la sensación de ser un filme pensado para que le entendamos, ni siquiera para que veamos en acción a un personaje único, sino a la inversa. Soul of the Dragon es un intento de actualizar el cine de artes marciales de los años 70, si se quiere de darle cabida dentro de un universo superheroico, pero en el que lo que realmente sobra es Batman. No hay más que ver el prólogo de la película, una gozosa secuencia a medio camino entre el cine de Bruce Lee, constantemente homenajeado incluso en el aspecto de su protagonista real, Richard Dragon, y el de James Bond, al que también alude constantemente la cinta por su diseño y por su música. En hora y media solo vemos a Batman en dos ocasiones, y una es el clímax, en el que su papel resulta incluso forzado porque no es a él a quien esperamos ver en el duelo final, uno místico y de artes marciales, no uno de ingenio y astucia. Y si la primera parte del título falla, de la segunda podemos decir lo mismo, al menos parcialmente.
Nos referimos a que la historia de la película es floja. No hay, realmente, una trama que atraiga. Soul of the Dragon dedica buena parte de su metraje a reunir al grupo que tiene que pelear al final, a las puertas del fin del mundo. Sin entrar en si la forma en la que ese fin del mundo sale de ese portal es o no decepcionante, que si no lo es al menos lo parece, lo cierto es que este argumento, simple, sencillo y casi fácil, no es más que la excusa para reunir a los héroes, mostrar a los villanos, crear entre ambos un muestrario de personajes nacidos entre los años 70 y 90 y darles un nexo de unión con el aprendizaje de Bruce Wayne para convertirse en Batman en unos flashbacks que interesan lo justo. Lo que propone Soul of the Dragon funciona cuando las artes marciales toman el protagonismo absoluto. Viendo el elenco, lo que apetece es ver a los personajes en acción. Y quizá junto a Richard Dragon (insistimos, sosias absoluto de Bruce Lee) es Lady Shiva, por ser el personaje que más abiertamente pueda saltarse las normas del “para todos los públicos”, el más agradecido de ver en este filme. Por esto el clímax es lo que más destaca en la película, aunque en el fondo dé igual cómo hemos llegado hasta allí, qué es lo que pretenden los malos de la función o qué es lo que realmente está en juego en ese combate múltiple.
Batman, insistimos, pinta poco y sale casi menos. Con un diseño a medio camino entre el de Marshall Rogers y el de Bob Kane, nos queda la duda de saber cómo habría sido una película en la que tan clásico diseño hubiera podido moverse por la pantalla con algo más de trascendencia. Y es que lo visual es, de largo, lo mejor que tiene que ofrecer Soul of the Dragon. El reto de una película como esta está en que las corografías estén a la altura. El cine de Bruce Lee es un género en sí mismo porque su protagonista era un maestro de las artes marciales, y aquí pasa un poco lo mismo. Una pena que no haya un intento real de diferenciar estilos de combate entre todos los héroes que desfilan, porque eso habría dado a la película una dimensión espléndida, pero los combates son muy eficaces, entretenidos y dinámicos. Se agradece que la película se convierta en un homenaje al tristemente desaparecido Dennis O’Neil, un tipo que supo encontrar aciertos en estas historias de artes marciales y, por supuesto, conocedor absoluto de la leyenda de Batman, dejando así la sensación de que el propio O’Neil podría haber entrado en el despacho de producción para abrir los ojos de los cineastas y mejorar la película. Soul of the Dragon es una cinta bastante entretenida, eso desde luego, pero falla en su propia concepción y le falta la ambición que necesitaba.
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