Título original: Modesty Blaise
Director: Joseph Lousey.
Reparto: Monica Vitti, Jack Palance, Dirk Bogarde, Harry Andrews, Michael Craig, Clive Revill, Alexandre Knox, Rossella Falk, Tina Aumont, Michael Chow, Sicila Gabel.
Guión: Evan Jones.
Música: Johnny Dankworth.
Duración: 119 minutos.
Distribuidora: 20th Century Fox.
Estreno: 5 de mayo de 1966 (Estados Unidos), 28 de octubre de 1966 (España).
Podemos escudarnos en que Modesty Blaise es un producto de su época, los alucinógenos años 60, pero sería esconder las enormes carencias de una película que tiene muy poco sentido y, desde luego, escasísimo parecido con la tira original, la de Peter O’Donnell, a la que durante años dio vida con tanto acierto el dibujante español Enrique Badía Romero. Lo que nos presenta la película de Joseph Lousey es una caricatura terrible de la obra de O’Donnell. Famosa es la anécdota desvelada por el propio creador del personaje, a quien se encargó que escribiera el filme pero de cuyo trabajo solo quedó una línea de diálogo. Es palpable, porque el parecido de esta Modesty Blaise con el cómic del que se basa es casi inexistente, más allá de utilizar el nombre y de apostar por una protagonista femenina. Todo lo demás que vemos en las casi dos horas de película es como si estuviéramos ante una delirante parodia de un filme de James Bond, Enel que no hay nada que se pueda tomar en serio y nada que se pueda recibir pensando que se ha hecho con talento. Ni la trama, ni el villano, ni la acción casi inexistente… Nada parece salvable en una película que sí, es un genuino producto de su época, pero uno muy por debajo de lo que en su época se llegó a alcanzar no solo en el cine sino también en la televisión.
Monica Vitti podría parecer a priori una buena elección para interpretar a Modesty, aunque solo por el físico, obviando el absurdo desfile de modelos que protagoniza. Pero no hay nada en su trabajo que recuerde al personaje del cómic ni, desde luego, que haga pensar que estamos ante una agente secreto de nivel, ni por inteligencia, ni por descaro ni mucho menos por físico, porque se mueve de manera torpe y no digamos ya en las secuencias de combate, en la inevitable pelea de gatas que nos sirve el clímax de la película y que se resuelve de una manera tan abrupta y poco creíble que asusta hasta para una parodia. Se nos va la imaginación pensando lo que habría podido hacer, por ejemplo, la inolvidable Diana Rigg de Los Vengadores televisivos de haber tenido la oportunidad de interpretar a Modesty. El resto del reparto se mueve a la misma altura, y eso que hay nombres bastante reconocibles y apreciables. Terence Stamp, por ejemplo, cuya presencia en la película es la de un objeto que está para aparecer junto a Modesty, con y sin camiseta, pero que no tiene ninguna presencia dramática que destacar. O Dirk Bogarde, que incorpora un villano de bajísimo nivel que ni siquiera es reseñable en su teórico aspecto paródico de las películas de espías, cosa que Modesty Blaise en su conjunto tampoco consigue. 007 no es, ni de cerca, el modelo que sigue el filme.
De hecho, puestos a equiparar la película con algún referente posterior y aunque sea por la pegadiza música con la que se abre la historia, sería con Barbarella (aquí, su crítica), pero a un nivel muchísimo más bajo del que mostró el filme protagonizado por Jane Fonda, que sí funcionaba como un delirio kitsh de ciencia ficción mientras que esto no sabe ser la teórica parodia de James Bond que quiere ser. El cómic, de todos modos, no tenía esa pretensión humorística, por lo que resulta difícil entender que esa sea la propiedad que cogen productor, nuevos guionistas y director para crear la historia. Es triste decirlo, pero la única comparativa posible es que los responsables de Austin Powers en los 90 hubieran comprado los derechos de Bond para hacer su historia. Algo así es esta Modesty Blaise, sin duda una rareza que hoy en día lo único que puede generar es una mueca de sorpresa ante la concatenación de escenas inconexas que supone la película, que se ríe tanto del original que uno no sabe cómo entender que haya viñetas del cómic diseminadas por la historia o que en una secuencia se permita el lujo de mostrarnos a una Monica Vitti morena, como si quisiera decirnos que sí podrían haber hecho una adaptación más fiel pero en el fondo nadie quiso. Una de las peores muestras del paso del cómic al cine que se pueden rescatar.
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