Guión: Raúl García.
Dibujo: Raúl García.
Páginas: 84.
Precio: 18,50 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Noviembre 2020.
La relación entre cine y cómic es muy estrecha. No hace falta que le digamos eso a los aficionados de Marvel o DC, que llevaban ya mucho tiempo viendo a sus personajes favoritos saltando de las viñetas a la pantalla, pero el camino también se recorre en sentido inverso. Y da gusto ver que ese viaje se puede hacer también de la mano de la literatura. En orden cronológico, en 2013 se estrenó Extraordinary Tales, una película de animación que llevaba a la pantalla cinco relatos de Edgar Allan Poe usando cinco estilos distintos, lo que confería al conjunto una variedad muy interesante de llevar al cine el terror del escritor norteamericano. La caída de la Casa Usher era uno de esos relatos, publicado originalmente en 1839. Raúl García, director del filme, cambia ahora de narrativa para que ese mismo segmento se convierta en un cómic, cómic en el que es fácil ver el tono cinematográfico que tiene todo pero que se construye con la inteligencia necesaria para adatarlo a un lenguaje diferente. Todo este preámbulo es necesario para que podamos entender en toda su extensión el cómic que tenemos en nuestras manos. No es un storyboard, se acerca más al concepto de fotonovela, pero desde luego sabiendo contar una historia sin las herramientas de lo audiovisual, cogiendo lo que interesa y moviendo piezas para que todo encaje.
Lo hace porque García es muy buen narrador, y eso le permite que podamos leer el cómic sin haber visto la película y entendiéndolo casi como un complemento coetáneo, y no una traslación posterior como es en realidad. La fascinación que sigue suscitando Poe es tan grande que en ocasiones puede dar la sensación de que cualquier creador tiene la mitad del trabajo hecho solo con lo que escribió el autor norteamericano, y eso es algo tan inevitable que el propio tebeo aparece firmado por los dos, por Poe y por García. Es el reconocimiento a una historia tremenda, fascinante desde todos los puntos de vista y que permite enfoques muy distintos. El de García parte de dos elementos. Por un lado, su narración en off, que le da un toque siniestro y casi maldito, uno que no entorpece la presencia contundente de los diálogos y de las onomatopeyas que suplen los efectos del sonido, ni tampoco la puesta en escena que tanto le sirve a García para que nos metamos de lleno en la historia. Y esto último es quizá lo que más destaque en el cómic, que como dice el propio autor en sus notas finales es imposible leer sin pensar en la voz de Christopher Lee, que es quien le da vida en la película, o al menos en la de alguien con la misma fuerza vocal y sonora, porque el cómic está pensado para que el lector ponga esa parte y le dé forma según se lo permita su imaginación.
García respeta por completo el estilo del fragmento animado de Extraordinary Tales, y es verdad que eso resulta algo chocante al principio, porque es un estilo muy propio de la animación 3D más contemporánea, pero muy poco visto en el cómic, que no tiene las mismas necesidades de diseño. Pero, como ya hemos resultado, la puesta en escena es tan contundente que funciona de la misma manera en la página impresa. Los escenarios que crea García, unidos a un uso extraordinario de los colores y sobre todo de la oscuridad, sirven para que las formas más o menos geométricas que configuran los cuerpos de los protagonistas no sean ningún obstáculo para que la tensión se apodere de la lectura. No es del todo fácil sacudirse la sensación de estar ante un storyboard más o menos acabado, porque el vínculo con la película es muy fuerte, pero el paso de las páginas va consolidando los méritos visuales que tiene. Quizá lo menos logrado sean las onomatopeyas, que pueden ser lo más forzado en una composición visual que, por lo demás, es igual de modélica en la página de lo que era en la pantalla. La caída de la Casa Usher es así un delicioso complemento del relato original y de la película de la que surge, un reconocimiento más al genio de Edgar Allan Poe y, por qué no decirlo, una vía abierta para que el cómic siga creciendo como parte del mercado de la cultura.
El contenido extra lo forman unas notas finales de Raúl García, unos bocetos y una galería de fondos.
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