Guión: Juan Luis Iglesias.
Dibujo: José Cruz de Cruz.
Páginas: 48.
Precio: 15,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2020.
El cómic está encontrando un auténtico filón en la literatura, pero de una manera menos directa de lo que seguramente nos enseña el cine. Sí, las viñetas saben amoldarse a la adaptación de novelas y obras literarias, y tenemos ejemplos de sobra de la clase con la que esto se puede hacer, pero lo mejor es ver cómo autores de cómics están tomando a escritores y poetas como lo que son, una fuente inagotable de historias, convirtiéndoles en protagonistas. El tío Gorio y la tía Pulía juega en los dos territorios. Homenajea al poeta José María Gabriel y Galán en su 150º aniversario, convirtiéndole en el narrador de su cuento, uno de los pocos que escribió un literato al que se conoce por ser, como dice la contracubierta de esta pequeña exquisitez, el poeta del ama castellana y extremeña. Lo que vemos es costumbrismo en estado puro, la vida de una pareja de pueblo, una que se casa por conveniencia, que aprende a casarse y que convive sabiendo que va a ser para toda la vida. Y el marco en el que conocemos esta versión de la historia es una tertulia de Gabriel y Galán nada menos que con Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós. Juan Luis Iglesias y José Cruz de Cruz nos regalan una de esas obras que, sin necesidad de tener una ambición desmedida, logra lo más importante, llamar la atención del lector para que profundice en la obra de su referente.
Se trata, y siempre ha sido así, de que la lectura sea un placer para quien se asoma a unas páginas concretas. Iglesias lo sabe, y trata la narración con un cariño exquisito. No es El tío Gorio y la tía Pulía un relato grande ni una historia única, pero sí es la sublimación de ese costumbrismo que tantos buenos ratos ha dado a los lectores a través de la literatura española. Lo más destacable del trabajo de Iglesias, no obstante, está en superar el obstáculo que hay entre el lector de reducida edad y la literatura más clásica. Puede que los más pequeños, o incluso quienes ya empiezan a dejar de serlo, no lleguen a profundizar en todos los aspectos de este homenaje con la profundidad que al final tiene, pero es una manera espléndida de adentrarles en su género. La admiración de Iglesias por su paisano no es ciega, pero sí evidente. No es su intención diseccionar al autor, pero nos quedamos con ganas de más, consigue convertirle en una figura simpática y cercana, en una sana mezcla de género y autor que, además, nos acerca a esas tertulias literarias que hacían de Madrid un hervidero de cultura como pocos. Y hay tanto respeto por el costumbrismo y por la obra de Gabriel y Galán que Iglesias mantiene en su relato expresiones en castúo, ese dialecto tan desconocido de las tierras extremeñas y que, como tantos otros, se resiste a morir.
El dibujo de De Cruz es todo lo que cabe soñar en un tebeo de esta naturaleza, porque entiende perfectamente lo que necesita en sus dos caras, la de la tertulia literaria y la del relato costumbrista, sin demasiados alardes y con un diseño de personajes cercano y sencillo. Y es que se trata justo de eso, que los personajes apelen a lo más normal del lector, que les sintamos como gentes con las que se podría coincidir en esas circunstancias, y eso se logra con su presentación. De Cruz pone sobre las páginas toda su experiencia en el terreno de la animación para huir de la sobrecarga de detalles, para sacar todo el partido posible de los elementos más arquetípicos, pero que el vestuario, los complementos personales y lo mismos escenarios hablen con la misma intensidad que la propia narración. Y cuando introduce a Gabriel y Galán dentro de su propia narración, no ya como presentador, sino compartiendo viñeta sobre todo con el tío Gorio, es cuando nos damos cuenta del todo de que la sencillez con la que dibuja no está reñida en absoluto con la consecución de los objetivos del tebeo. ¿Y cuáles son? Lo hemos dicho ya, el cariño por la figura a la que homenajean y todo lo que representa y la necesidad de seguir luchando por elevar su figura y todo lo que contaba a una posición que hoy en día está algo eclipsada. Así da gusto que el cómic se asome a la literatura.
El único contenido extra en una introducción de Juan José Barrios Sánchez, de la Casa-museo Gabriel y Galán.
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