Guión: Enrique Bonet.
Dibujo: Enrique Bonet.
Páginas: 96.
Precio: 16 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2020.
En Grandes preguntas que se contestan en otros sitios tenemos, en realidad, dos series diferentes, Manolo y Pepi por un lado y Apolonio Martirio, vendedor a domicilio por otro. Y dentro de la primera podríamos incluso hablar de dos series en una, la que da título al libro y la que se lo da a ese segmento. Así que si algo podemos valorar ya desde el principio es la enorme versatilidad de Enrique Bonet para hacernos reír desde diferentes aproximaciones narrativas. Siempre respeta el formato de sketch, porque es el que mejor le funciona a los personajes que idea. Por un lado tenemos una pareja en la que él, Manolo, hace todo lo posible para demostrarle su amor a Pepi, y a veces también lo imposible e incluso lo delirante, mientras que ella no hace más que reprocharle el poco amor que en realidad le profesa. Y luego tenemos a un psicólogo que trata de averiguar qué le pasa a Manolo… sin mucho éxito. En Apolonio Martirio, en cambio, seguimos los pasos de un comercial caradura y aprovechado, que no duda en utilizar mil y una estratagemas para convencer al potencial cliente de que afloje el dinero. ¿La ética? Eso mejor queda para otro tipo de personajes. Las risas, en cambio, están bastante bien aseguradas en las dos partes de este libro. No sabemos dónde se contestarán esas preguntas que plantea Bonet, pero su formulación es muy entretenida.
Sí que hay que reconocer que Manolo y Pepi está un peldaño por encima, precisamente porque se trata de un experimento doble que parte de una gran pregunta, “¿Cómo se siente, Manolo?”, y de la respuesta que da el susodicho, “Estoy enamorado de Pepi”. Qué base tan sencilla, dirán algunos. Puede ser, pero qué bien nos la complica Bonet. Primero, porque ese diván es oro puro. La desesperación del doctor por entender a su cliente y el comportamiento con él del propio Manolo es delirante… y más aún cuando llegamos a la última de las tiras. Y el complemento que supone ver las hazañas memorables del pobre muchacho tratando de conquistar el corazón de su amada es sencillamente desternillante. No importa cuánto se esfuerce, que la respuesta de Pepi será despiadadamente repetida una y otra vez: “¿Lo ves como no me quieres?”, y adjúntese ahí la rocambolesca explicación que toque para responder a las piruetas de Manolo. Dibujo sencillo, directo, sin fondos apenas porque no los necesita en realidad para que comprendemos la mayor parte de los chistes que propone, pero entendiendo bien la comedia que propone, y que sabe trasladar a los lápices las imaginativas situaciones que propone, incluso en un escenario tan limitado como es la consulta del pobre doctor que no sabe qué hacer con Manolo.
Apolonio Martirio, vendedor a domicilio es un humor diferente, más cercano, por ejemplo, al de Francisco Ibañez y sus más clásicas creaciones o al espíritu de Bruguera. Lo es, además, no solo en el tipo de humor sino también en la caricatura que esgrime Bonet en estas páginas. Consigue esquivar el fantasma de la repetición, aunque en este caso es un poco más complicado que en la serie anterior precisamente por la naturaleza del personaje. Al fin y al cabo, la estrategia es siempre la misma, la de utilizar argumentos absurdos para convencer a un cliente, pero el autor sabe mostrarnos finales diferentes e incorporar soluciones tremendamente disparatadas a sus gags, por lo que no hay aburrimiento en estas páginas. La caricatura parece distinta a la de Manolo y Pepi, más clásica del tebeo de humor español, y eso hace que hasta pudiéramos pensar que proviene de un autor diferente si no conociéramos ya a Bonet. En este caso apuesta por historias de dos páginas y no de una, como sucedía en la serie que abre este libro, pero aún así se mantienen el brío y el dinamismo que necesitan estos chistes. Y ese es el camino para el éxito, para conseguir un tebeo doble (o triple) que mantiene la sonrisa en la cara del lector casi sin esfuerzo, a veces por pura identificación con los personajes y a veces por el humor absurdo del que hace gala.
No tiene contenido extra.
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¡Muchas gracias por la estupenda reseña, Juan! Solo un pequeño detalle: mi nombre es Enrique Bonet… ¡soy andaluz, aunque tenga un hermoso apellido de origen catalán! Un abrazo, y gracias de nuevo.
¡Un detalle importantísimo, mil disculpas, Enrique! Eso nos pasa por gestionar mil cosas a la vez. De verdad que lo sentimos, ya lo hemos subsanado y no volverá a pasar, ¡prometido!
¡Nada, no te preocupes, que lo entiendo perfectamente! Muchas gracias por la corrección y, de nuevo, por la reseña.