Guión: Felipe Hernández Cava.
Dibujo: Miguel Navia.
Páginas: 88.
Precio: 22 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Septiembre 2020.
Estamos ante un cómic sobre la Guerra Civil Española, sí, perno no hemos nada como Estampas 1936 antes de que Felipe Hernández Caba y Miguel Navia nos ofrecieran este magnífico fresco. Y no hay que profundizar demasiado en la obra para darse cuenta de la razón fundamental de ese primer análisis, y es que su mirada a este conflicto entre españoles no es política sino humana. Lo que les importa es la gente. Anónima y desconocida pero real hasta el estremecimiento continuo que provoca el recorrido visual por todo lo que sucede en la página. Cómic, decíamos, y sí, lo es, pero ligado al concepto de libro ilustrado que tampoco esquiva y al que no tiene miedo. Es decir, Estampas 1936 no es una única historia y no tiene un personaje central. Se trata de mirar al comienzo de la Guerra Civil, de ahí la presencia del año en el título del libro, para entender qué le pasaba al ciudadano de a pie en aquellos confusos y violentos días en que se inició un conflicto bélico que duró tres años. Es un mosaico atrevido y minucioso, en el que se ve sin problema un meticuloso trabajo de documentación, pero a la vez un deseo aún más intenso de que sea lo más humano lo que nos toque la fibra. Y lo hacen, sí, esto es noticia, sin que nos preguntemos realmente si la persona a la que vemos era de un bando, de otro o realmente le daba igual quien ganara con tal de sobrevivir.
Ojo, no quiere decir eso que Hernández Cava se escaquee de algo que, tratando este conflicto, tiene que estar presente de una u otra forma. De hecho, en el último vistazo al libro se nos van los ojos al único detalle de color que hay en sus páginas, la bandera republicana. Pero quien piense que se va a encontrar una disección más de la contienda con continuas alusiones a la política, como suele ser habitual incluso en historias que alejan el foco de los disparos de fusiles y tanques, se va a llevar una sorpresa muy agradable. No porque ese elemento no está presente, que en eso también lucen las frases de personajes ilustres que acompañan a muchas de las ilustraciones, sino porque Estampas 1936 es una ficción de lo que bien podría ser una colección de imágenes del inicio de la guerra, de los primeros bombardeos, de los primeros éxodos para salvar la vida, de las primeras confusiones y de las primeras decisiones conscientes que se han de tomar para buscar un futuro. Hernández Cava narra a base de cartuchos de texto escritos con una enorme belleza que contrasta con la dureza de las escenas que estamos viendo y poniéndonos en situación de una manera muy inteligente, nada forzada, brindando al lector un acompañamiento sutil, natural, que obliga a pasear por las imágenes al ritmo que es necesario para entender cada detalle de los que están representados.
Y ahí es donde Estampas 1936 luce de una manera admirable. No vamos a restar ni un solo mérito a Hernández Cava, pero son los dibujos de Miguel Navia los que convierten este libro en algo especial. Navia logra ese objetivo, en primer lugar, entendiendo perfectamente los textos de Hernández Cava en fondo y forma. Después, con un estilo brillante, claro, casi fotográfico, que le sirve para dar vida a unos escenarios que casi podrían forma parte de una fotografía y a unos personajes cuyo drama vemos y entendemos incluso sin conocerlos y sin detalle alguno sobre su pasado o su presente. Cada página es un dibujo extraordinario y preciso, en el que se pueden buscar mil y un detalles porque los tiene. Y ofrece belleza, incluso siendo la guerra y la desesperación sus ejes fundamentales, porque sabe transmitir el pensamiento de cada personaje que vemos, da igual que sea hombre o mujer y, como decíamos antes, no tiene ninguna importancia si es republicano o no. Son personas. Son, todas, víctimas de una u otra forma. Y eso se ve. No es solo que nos lo digan o que nos lo imaginemos por estar viendo imágenes de un país en guerra, sin necesidad de que todas las ilustraciones sean de combates, bombardeos o consecuencias, sino porque así se siente. Por eso Estampas 1936 es un libro tan especial y recomendable.
El único contenido extra es un texto final de Felipe Hernández Cava.
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