Guión: Víctor Santos.
Dibujo: Víctor Santos.
Páginas: 96.
Precio: 16 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2020.
La historia de Polar (aquí, reseña de su primer libro) es tan fascinante que algún día tendría que ser contada desde el inicio. Es la de un webcómic que nació como un divertimento, un ejercicio de estilo que Víctor Santos creó con un personaje que ya formaba parte de su bibliografía anterior y que acabó dando el salto al cine (aquí, su crítica). Ahora tenemos la ocasión de ver el comienzo de todo con esta reedición de Black Kaiser, una reedición que no es exactamente igual que el Black Kaiser original, el que se vio en su momento, porque ahora la marca Polar obliga a ciertos cambios. Lo explica Santos en la introducción de su obra, una que ya tiene una década de vida pero que como casi todo lo que hace sigue manteniendo una fuerza y una vigencia que están fuera de toda duda. No hace falta decir que en Black Kaiser nos movemos dentro del ya habitualmente violento mundo de Santos, que es donde se empieza a ver con una potencia salvaje el juego con los blancos, negros y rojos que ya son parte imborrable de la impresión visual de Polar, y un homenaje a figuras clave del género como Will Eisner y Jim Steranko. Lo dice el propio Santos es esas líneas que preludian a la historia, no estamos aquí descubriendo nada. Pero lo que sí podemos hacer es decir, una vez más, lo gozoso que es adentrarse en los mundos de Víctor Santos.
Quizá lo más curioso de estas páginas es que tienen una marcada vocación de homenaje por encima de cualquier otra cosa. Es decir, que por mucho que ahora sepamos lo que sabemos, no es Black Kaiser el arranque de un universo más extenso, sino la manifestación de uno contenido en su reducida extensión para que la comprendamos por completo. Es la historia de un asesino con corazón y con necesidades muy humanas, que sabe matar como nadie pero que también sabe querer, un viejo espía de la Guerra Fría que no tiene por qué encontrar acomodo en un mundo moderno y distinto. Esa melancolía se ve en sus páginas, al igual que el sexo o la violencia que Bond quiso pero no podía mostrar, solo dejar a la imaginación, por su consideración de personaje universal. Black Kaiser, siendo ese homenaje, no tiene ataduras, y es ahí donde Santos consigue lo que quizá estaba lejos de su intención, crear un personaje más grande que la obra en la que estaba contenido. Terminamos Black Kaiser y queremos más. Curioso que no lo tuviéramos hasta que Santos decidió hacerlo por amor al arte… y que ese arte se abriera camino como lo hace el propio Kaiser en ese final abierto maravilloso con el que concluye esta primera aventura que se atreve a jugar con los rescoldos del 11-S de una manera atrevida, valiente y muy agradecida.
Santos es de esos autores que nunca se ha conformado con su propio estilo. Siempre ha sido reconocible, siempre, sin ninguna duda, pero a la vez se ha atrevido a ser distinto en cada paso. Y siempre le ha gustado experimentar. Puede que en algunos aspectos Polar haya dejado atrás a Black Kaiser, cierto, pero sus méritos son indudables y personales. La fusión el blanco y negro con las tonalidades rojas brilla más en Polar, pero hay una experimentación continua y brillante en estas páginas que sabe aprovechar el escenario, ese Manhattan casi fantasmal derivado de la caída de las Torres Gemelas, esa puesta en escena que juega con las formas de los personajes (y que en el caso de la silueta femenina llega a un punto sublime), y sobre todo en una acción ejecutada con coreografías brillantes y eficaces. Black Kaiser tiene tantas cosas escondidas en su pequeño formato y en su breve extensión que cuando uno llega al final de sus páginas casi se ve en la obligación de volver al principio. Y una vez que lo acaba, a tirarse de cabeza a por Polar para saber más. Más de un personaje magnífico, sí, pero más también del camino escogido por un gran autor para seguir dando forma a su historia. Bienvenidas sean estas actualizaciones de pequeños clásicos que en su momento pudieron quedar escondidos, porque es la mejor manera de que sigamos dándonos cuenta de lo que son.
El contenido extra es una introducción de Víctor Santos y un portafolio de bocetos.
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