Guión: Fidel Martínez.
Dibujo: Fidel Martínez.
Páginas: 132.
Precio: 22 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Julio 2020.
Es asombroso lo poco que ha parecido quedar en la conciencia popular de una guerra, la de los Balcanes, que fue hace tan poco tiempo y en un lugar que nos es tan cercano. Trabajos como el de Fidel Martínez en Sarajevo Pain nos recuerda ese escaso recuerdo que tenemos de aquel conflicto, que a todos nos suena, sí, pero del que no tenemos imágenes tan vívidas y claras como las podemos tener de la Segunda Guerra Mundial o de la guerra de Vietnam. Habrá que suponer que son cosas del cine y de su poder audiovisual. O quizá es que otros países han sabido vender sus propios conflictos, ya sea como exaltación o como denuncia, buscando una iconicidad que otros no han tenido. Martínez hace un trabajo enorme a la hora de componer un mosaico durísimo sobre el dolor de Saravejo. El título es una perfecta descripción de lo que vemos, no cabe la menor duda, porque la obra va sobre ese dolor. El de algunos de sus protagonistas, y el de la capital de Bosnia y Herzegovina como reflejo de la misma historia de la extinta Yugoslavia. Hay dolor y miedo en su historia, en su arte, en sus gentes, en sus niños, en sus mujeres y hasta en sus francotiradores, esos que segaban vidas como si no existieran pero que en narraciones como esta queda claro que lo hicieron. Es un cómic duro de leer, y mucho más duro de pensar.
Martínez centra sus esfuerzos en dos puntos muy concretos, y sale más que triunfante en los dos. El primero, obvio, es un trabajo documental enorme. No se trata solo de contar cosas sobre la guerra de los Balcanes, se trata de entenderla. Y no se puede entender si no se explica bien. El autor lo hace con brillantez, apoyándose en textos directamente históricos y también en secuencias, situaciones y personajes que podrían serlo, además de en el reflejo del conflicto y la guerra en el arte, que le sirve para dar al conjunto una dimensión incluso más profunda. El segundo, los distintos puntos de atención que fija. Distintos personajes, distintas formas de narrar, todo entrelazado sin solución de continuidad, como si fuera un collage más que una historia, para darnos la certeza de que todo forma parte de un mismo lienzo en el que las acciones de uno repercuten en las vidas de otro. Como niños y como adultos, a través de viñetas o de la mirilla de un rifle, la mirada cambia pero el dolor se mantiene. Ese es el gran acierto de Martínez, que ha sabido dar forma a algo tremendamente complejo para que un lector cualquier entienda aquella realidad tan dura y tortuosa, para que se sienta en Sarajevo, para que sepa los peligros que acechaban a una ciudad moribunda en el que había muchas formas de sobrevivir pero ninguna de ellas podía presumir de felicidad.
Sarajevo Pain no solo es un mosaico narrativo espléndido, también es un festival de estilo. La base es obvia, un potente blanco y negro que sobrecoge desde el principio, desde las exposiciones históricas y artísticas de las que no se quiere olvidar Martínez en toda la obra, la que incluye le lleva a adaptar su trazo al de grandes maestros del cómic de siempre a los que homenajea con una brillantez tremenda. Pero es justo eso, el cambio de estilo con cada cambio de protagonistas, lo que hace de esta novela gráfica un producto único. No son estilos chocantes entre sí, sino que se complementan con una naturalidad fascinante. Es divertido ver a Martínez emulando a Hugo Pratt, Hal Foster o Alex Raymond, desde luego, pero eso es solo el vehículo más palpable de su exhibición estilística. Lo verdaderamente meritorio es moverse entre formas muy distintas de narrar, entre el blanco y negro y el negro y blanco, según la predominancia que quiera dar a uno u otro color, entre el detallismo más absoluto y lo figurativo, que no es casual sino que acompaña a los protagonistas y tiene un sentido narrativo. Sarajevo Pain es una obra artísticamente sobresaliente, y eso hace que su retrato histórico y social sea todavía más impactante. Es uno de esos trabajos que se quedan grabados a fuego en la memoria y que necesitan de una revisión cada cierto tiempo. Brillante.
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