Guión: Cristina Portolano.
Dibujo: Cristina Portolano.
Páginas: 48.
Precio: 15,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2020.
Hay en Soy Mar más intenciones de las que se pueden ver en el sencillo e imaginativo cuento que nos propone. Hay una pretensión de enseñarnos que las transformaciones son buenas y que pueden darse de maneras que no somos capaces de anticipar cuando somos niños, hay un deseo de mostrarnos esos cambios, de enseñarnos que no tienen límites, y sobre todo de recordarnos que no hay que marginar a nadie en base a las etiquetas. Habla, sutilmente, de identidad, incluso se puede afirmar sin miedo que habla de identidad de género, destacando la importancia de que la pequeña protagonista sea Mar, independientemente de que sea un chico o una chica, como le llegan a preguntar esos peces a los que se encuentra en este viaje de fantasía al fondo del mar para acompañar a su pez payaso en su transformación, la que le llevará a la edad adulta. En ese sentido, habla también de miedos, de pasos que irremediablemente hay que dar para llegar hasta allí, utilizando algo tan interpretable como la desnudez para mostrarnos ese camino. Cristina Portolano introduce muchos mensajes en su obra y a la vez la deja respirar, ofrece al lector la libertad suficiente como para interpretar a su gusto lo que está leyendo, sin perder además esas nociones de cuento infantil que tiene desde el principio con una premisa que funciona bien por esa vía.
Lo hace, además, porque su estilo de dibujo es cercano y cálido, sencillo en cuanto a las formas de sus personajes, el uso de colores o la escasez de adornos que utiliza. En realidad, no necesita más para hacernos creer que un pez payaso cobra forma semihumana o que Mar acompaña la aventura volando desde su habitación o nadando ya sin ropa en el mar. Eso no quiere decir que sea una apuesta cerrada, porque sus escenas en el fondo del mar, con una mayor complejidad visual y no solo por el escenario, son muy eficaces. La fantasía es un elemento que ayuda mucho a la narración de historias como esta, incluso aunque su extensión sea tan reducida, por eso es tan destacable que Portolano sea capaz de construir un universo propio tan detallado en tan poco espacio. Su oda a la curiosidad, que es además como empieza claramente su relato, es simpática y desenfadada, tiene las necesarias dosis de imaginación para que esta aventura onírica sea entretenida, que al final es la base para enganchar a los más pequeños, y por eso da tanto margen para que podamos introducirnos de lleno en un contenido más o menos oculto, más o menos velado, que parece claro que está entre las pretensiones de la autora. Soy Mar es por eso un cómic al que podemos darle muchas más vueltas de lo que sugiere su modesto envoltorio, y eso, al final, es lo que cuenta. Es bonito hablar así de diferencias, de identidad y de desarrollo.
Canicola publicó originalmente Io sono mare en octubre de 2018. No tiene contenido extra.
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