CÓMIC PARA TODOS

Cine – ‘El regreso de la Cosa del Pantano’, de Jim Wynorski

Título original: The Return of Swamp Thing.

Director: Jim Wynorski.

Reparto: Dick Durock, Heather Locklear, Louis Jordan, Sarah Douglas, Ace Mask, Monique Gabrielle, Daniel Emery Taylor, Joey Sagal, RonReaco Lee, Frank Welker.

Guión: Neil Cuthbert, Grant Morris.

Música: Chuck Cirino.

Duración: 88 minutos.

Distribuidora: Warner.

Estreno: 12 de mayo de 1989 (Estados Unidos).

Para los estándares de la época, El regreso de la Cosa del Pantano fue una secuela algo tardía. Nada menos que siete años separan La Cosa del Pantano (aquí, su reseña) de una continuación que no solo se parece poco al original cinematográfico sino también al cómic del que procede, por lo menos a las etapas más exitosas de las viñetas, las que llevaron al personaje al cine. En esta segunda película, de hecho, vemos a un héroe jovial, que hace chistes, al que no afecta en casi nada su aspecto o su teóricamente reciente transformación, y ya perfectamente adaptado a sus nuevas capacidades. No hay trauma ni conflicto, solo un tipo disfrazado al que no se reconoce ninguna motivación real en esta historia. No es ninguna tontería decir que lo único que realmente vale la pena de una película de inevitable tono de telefilme, de serie B y casi incluso más bajo si queremos ser duros con el proyecto, es su final, que sí abre un escenario en el que se podría haber obtenido una historia interesante. Tarde, desde luego, para remontar una película que casi no tiene historia y que apuesta descaradamente por infantilizar lo que en la primera película, ya con la misma elección de Wes a Craven como director, parecía apuntar claramente hacia el género de terror en el que tan bien tendría que funcionar la Cosa del Pantano.

Es evidente que estamos ante una película que sufre por su bajo presupuesto, que aspiraba a mostrarnos una historia en la que Alec Holland luchara contra criaturas de aspecto rompedor, producto de la ingeniería genética de la que tanto se habla a lo largo de su metraje y que tan poco jugo real deja. El uso de prostéticos y máscaras de goma es claramente insuficiente para alcanzar los objetivos que parece marcarse en la película, incluso desde el mismo aspecto de la Cosa del Pantano. Es difícil no ver el traje que recubre a Dick Durock, el mismo actor que se había ocultado tras el aspecto del monstruo en el primer filme, aunque entonces Ray Wise diera vida a su contrapartida humana. Cuando le vemos de cuerpo entero la mirada se va irremediablemente a las partes del mono verde que no están recubiertas de plantas y a las botas, lo que rompe en buena medida la magia que tendría que alentar el aspecto del personaje. Y en cuanto a las criaturas a las que hace frente, ese teórico museo de los horrores genéticos que se nos quiere presentar, hay poco destacable, funciona mejor como foto fija que en movimiento y cuando salen a escenas de exterior o de acción es cuando más se nota que hay muy poca cosa por la que sacar pecho. Una pena, desde luego, porque ahí sí había una propuesta que podría haber enganchado con lo mejor del personaje.

¿Y la historia? Pues es tan poca cosa, tiene una excusa tan endeble, que no hay mucho que decir de ella. Anton Arcane, de nuevo con el rostro de Louis Jordan, es el villano de la función, con un plan para retrasar el envejecimiento en el que acaba resultando crucial su hijastra, Abby Arcane, interpretada por una Heather Locklear que y llevaba algunos años en el mundo de la interpretación pero que aún así deja un trabajo de tal ingenuidad que parece el de alguien con menos experiencia. Es de suponer que el tono ligero de la película, ese en el que se convierte en subtrama de importancia que dos niños más o menos graciosos buscan hacer una foto a la Cosa del Pantano, arrastra con facilidad, de la misma manera que se lleva por delante las posibilidades de que Sarah Douglas, la inolvidable Ursa de Superman (aquí, su crítica) y Superman II (aquí, su crítica) pudiera salir del arquetipo y del giro de guión inexplicable. El regreso de la Cosa del Pantano queda como una simple rareza que se deja ver por la falta de pretensiones que tiene, pero que no supone un acercamiento certero a lo que el personaje había dado ya en el cómic, con los primeros pasos a cargo de Lein Weim y Bernie Wrightson (aquí, su reseña), con la memorable etapa de Alan amore (aquí, reseña de su primer volumen) o incluso con lo que el cine daba ya de sí para adaptar cómics.

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Esta entrada fue publicada en 27 noviembre, 2020 por en Cine, Warner y etiquetada con , .

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