Guión: Katsuhiro Otomo.
Dibujo: Katsuhiro Otomo.
Páginas: 296.
Precio: 19,95 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Septiembre 2020.
Si fuera fácil averiguar qué tiene Akira que no tengan otros manga, cualquiera podría replicar lo que hace Katsuhiro Otomo. Si no fuera una obra de enorme brillantez, no seguiríamos teniéndola de referencia tantas décadas después de su publicación. Y si no tuviera incontables aciertos, su lectura contemporánea estaría lastrada por la experiencia de lo que ya hemos visto en un mundo cargado de referencias e influencias visuales. Pero es que Akira sigue teniendo la misma vigencia y fuerza que al principio. Su segundo tomo de esta reedición, que sigue los pasos de la edición japonesa original, es una enorme demostración de todo lo bueno que tiene esta monumental obra. Son casi 300 páginas y se devoran a una velocidad inusitada, como si estuviéramos poseídos por un desenfreno salvaje y cargado de adrenalina. Y no es porque cada viñeta de Otomo no tenga un nivel de detalle salvaje, sino porque su composición es tan brillante, su movimiento es tan fluido y espectacular, que no hace falta una lectura detallada para sentir que estamos dentro de la historia. Eso, por supuesto, hace de Akira una historia que se puede leer una y mil veces, porque siempre nos permitirá descubrir algo nuevo entre sus páginas. Podríamos reunir una colección de adjetivos grandilocuentes y sonoros, que todos y cada uno de ellos encajan para analizar este libro. Todos.
Y es que, si se piensa fríamente, estamos 300 páginas con el ansia de descubrir finalmente quién es Akira. Es el motor absoluto, casi fundamental y único de esta entrega. Otomo va deslizando por aquí y por allá pequeñas píldoras para que sigamos entendiendo a los personajes que nos tienen que conducir hacia la revelación del gran secreto de la obra, pero es una manera de llevar todos los caminos hasta un embudo que estalla de una forma espectacular y sorprendente. Otomo tiene un dominio absoluto de todo lo que acontece en estas páginas, y eso es algo infrecuente. Las historias, y más cuando son tan ambiciosas como esta, a veces se escapan del control de sus autores. Akira no. Y es curioso, cuando precisamente la historia tiene como tema el control y la supresión del poder, casi como si fuera una metáfora de su genio creador. Por fortuna, Otomo no está atrapado, sino libre. No escribe de manera arquetípica, sino creando unos caminos que habríamos de imitar hasta la saciedad en cualquier forma de comunicación narrativa. Y sí, con un ritmo salvaje y endiablado. Esa es la verdadera clave de Akira, que la portentosa idea de Otomo, que el imaginativo escenario que imagina y que la construcción de todo esto en un guión que le dé forma se desarrolla siempre de la mejor manera posible.
Otomo sabe cuándo pisar el acelerador… y cuándo pisarlo todavía más, y es clave su manera de dibujar. Todo lo que podamos decir sobre eso se queda corto. La forma en la que plasma en viñetas todo lo que le pasa por la cabeza merecería un análisis aparte. Conjugar el detallismo con el movimiento es complicado, y Otomo triunfa de manera soberbia. Sus persecuciones son realistas y a la vez únicas. La manera en la que mueve a sus personajes es tan fluida que si no estuviéramos ante un manga en blanco y negro casi podríamos pensar que hemos creado las viñetas a partir de imágenes de la película que después veríamos (aquí, su crítica). Y qué puesta en escena. No hay más que ver la aparición de Akira, la manera en la que le da forma narrativa el autor a un momento de enorme solemnidad y que supone la culminación del juego rítmico que nos propone Otomo para ver que se trata solo de dibujar, sino que hay que narrar al máximo nivel para que Akira siga siendo la obra que se planteaba en su primer volumen (aquí, su reseña), una sencillamente extraordinaria, histórica por lo que supuso y sin duda gozosa para cualquier tipo de lector, en cualquier momento temporal y en el estado de ánimo que se quiera. Pesa decir que es una lectura obligatoria, porque ninguna tendría que serlo, pero sí podemos decir que es una lectura de la que no se arrepiente uno nunca.
Las páginas que forman este primer volumen de Akira se publicaron originalmente en Young Magazine entre septiembre de 1983 y abril de 1984. No tiene contenido extra.
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