Guión: El Torres.
Dibujo: Gabriel Walta.
Páginas: 104.
Precio: 28 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2020.
Que El Torres sea hoy en día uno de los autores más destacados en el género de terror es algo que se cimentó con obras como El bosque de los suicidas. Y que ahora, casi diez años después de su publicación original, podamos ver la obra tal y como la concibieron el escritor y, sobre todo, Gabriel Hernández Walta, es una de esas delicias que de vez en cuando nos permite nuestra siempre precaria industria. Industria, sí, porque aunque sea reducida y esté muy lejos de aquello que a todos nos gustaría ver, hay que considerarla así si queremos que sobreviva. Esta nueva edición de El bosque de los suicidas es una buena demostración de aquello a lo que debemos aspirar. El talento lo tenemos, el cómic es espléndido, una maravillosa muestra de género que sabe explorar un escenario real para ubicar una historia de fantasmas con unos personajes escritos con la maestría habitual del Torres y a la que Walta ha dedicado varios meses para que podamos ver con los colores originalmente pensados para que esta obra luzca de la manera en la que lo hace. El terror sigue tan vigente ahora como en la publicación original, pero que manera de verlo la que nos ofrece esta edición. Todo un festín para los amantes del terror, para los seguidores de El Torres y para quienes quieran recuperar al Hernández Walta anterior a su éxito americano.
Lo que provoca verdadero terror en El bosque de los suicidas es la fascinante fusión que hay entre el escenario y sus protagonistas. El género no puede funcionar de la manera más eficaz posible si no se da esa conjunción, y El Torres es un maestro a la hora de lograr esa proeza. Comencemos por el escenario, porque es lo que da título a la obra y lo más llamativo a primera vista. Hablamos de un bosque japonés al que la gente va para quitarse la vida. Y es real, está allí, en Japón. Y aquí, en estas páginas, porque el escritor aprovecha todas sus características de una manera bestial. Lo hace también con los personajes, porque encuentra motivaciones maravillosas para que sus fantasmas funcionen. De hecho, El bosque de los suicidas comienza con ellos, no con el bosque. Y el bosque es el escenario del clímax, una secuencia que acelera el ritmo de las pulsaciones casi sin que nos demos cuenta y que multiplica la velocidad en la que pasamos las páginas, es el catalizador más evidente de los terrores que esconde el relato, pero ni mucho menos su razón de base. Esa es la genialidad de El Torres, que explora el género desde sus bases más asentadas pero también con una mirada que nace de otras motivaciones. Hay fantasmas, sí, pero el terror es todavía más profundo porque tiene una base real. Su venganza es una que tiene encaje en nuestro mundo más cercano y cotidiano.
Asumiendo la genialidad de la historia, bendita asunción como si eso fuera algo fácil de conseguir, podemos concentrarnos en la gran novedad de esa edición, el retoque de las ilustraciones de Walta. El artista ha insuflado una vida tremenda a la historia con un trabajo de color maravilloso. Las tonalidades son ahora mucho más intensas que en la publicación original y eso, de una manera brillante, acentúa el terror que hay en la obra. Por supuesto, eso es algo que se ve de una manera espectacular en las escenas de Aokigahara, con un juego de luces y sombras absolutamente aterrador en las nocturnas y una profundidad tremenda en las diurnas, pero que funciona incluso en las escenas más cotidianas en la ciudad. La intensidad de los tonos rojizos impacta todavía más en el contraste con los azules de las apariciones fantasmales, y potencia un dibujo impresionante a todos los niveles, que sabe encontrar el terror en los momentos más impactantes, pero que sobre todo tiene una narrativa impresionante, con un ritmo increíble. La experiencia de El bosque de los suicidas es en esta revisión una historia incluso más aterradora de lo que ha sido siempre, que ya es decir. El terror de El Torres y Gabriel Walta es una delicia que se saborea con fervor y con la misma pasión que los autores pusieron en crear y ahora en rehacer esta maravilla.
El bosque de los suicidas se publicó originalmente en abril de 2011. No tiene contenido extra.
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