Título original: Asterix in Amerika.
Director: Gerhard Hahn.
Reparto: Roger Carel, Pierre Tornade, Henri Labussière, François Chaix, Michel Tugot-Doris, Jean Dautremay, Robert Partry, Jean-Luc Galmiche, Olivier Jankovic, Nathalie Spitzer, Yves Pignot, Claude Chantal, Joël Zaffarano, Sylvain Lemarie.
Guión: Thomas Platt, Rhett Rooster.
Música: Harold Faltermeyer.
Duración: 85 minutos.
Distribuidora: 20th Century Fox.
Estreno: 29 de septiembre de 1994 (Alemania), 5 de abril de 1995 (Francia y España).
Astérix y Obélix siempre dejan algo, pero a veces se espera demasiado que su carisma como personajes saque a flote las historias. Astérix en América es un claro ejemplo. La primera película del galo realizada fuera de Francia, concretamente en Alemania, fue un intento de que sus producciones animadas dieran un salto de calidad a una animación más próxima a los estándares de Disney, pero esas mismas pretensiones hacen que la cinta parezca algo más antigua de lo que realmente es. No hay que olvidar que allá por 1994, cuando se estrenó, Disney ya había introducido la animación por ordenador en sus películas de animación tradicional, mientras que Astérix en América sigue apostando por unas soluciones que la animación más puntera llevaba años aplicando. Es decir, que se trata de una modernidad algo falsa, aunque suponga una mejora con respecto a las adaptaciones animadas prácticamente literales que lograron una merecida fama años atrás. Esta película, por cierto, sí se basa en un álbum de Rene Goscinny y Uderzo, La gran travesía, aunque de una manera bastante libre. El propio Uderzo está acreditado en la película en el argumento y tiene algunas ideas simpáticas, aunque parece una película montada alrededor de la canción que sirve de tema central de la película y que sonó bastante más que el propio filme.
Ese “we are one people” que cantan al unísono indios americanos y galos es, efectivamente, la gran aportación que tiene la propuesta. Es muy divertido el plan de César para acabar con los galos, deshacerse de su druida, Panorámix, lanzándole al vacío por el fin de una Tierra que considera plana, aunque en el fondo no sea más que una excusa contada de una manera quizá demasiado larga para llevarle a América… y que Astérix y Obélix vayan detrás de él, claro está. El choque cultural es quizá lo más decepcionante del planteamiento, porque se queda en la presencia de los pavos y los tópicos malentendidos por no tener un idea común (el de los indios, por cierto, funciona mucho mejor en la página impresa que en la propia película, donde por momentos se convierte en una jerga de difícil comprensión y que exige un nivel de atención que una película infantil como esta no demanda en todo su metraje), y tiene mucha más gracia el duelo entre magos, que se convierte en el clímax principal de la película, muy por encima de la resolución de la trama principal, el rescate de una aldea gala que se ha tenido que defender de las acometidas de los romanos sin la pócima mágica de Panorámix. Si miramos detenidamente la película sí que vamos encontrando detalles que harán las delicias de los seguidos de Astérix, pero es verdad que forman parte de un conjunto bastante irregular y que no convence en su totalidad.
Astérix en América cumple, no es cuestión tampoco de exigirle que llegue a unos extremos que tampoco forman parte de su propuesta. Es simpática, dinámica, con buenos diálogos, fieles a la esencia de la serie, y es una película que funciona bien para los más pequeños, y eso es algo que no ha perdido en las casi tres décadas que han transcurrido desde su estreno. ¿Consigue algo más allá de eso? No, eso es cierto, porque los indios, a excepción de su hechicero, no dan ese salto que necesitaba la película para convertirse en algo más ambicioso, ni siquiera la coqueta presencia de una joven que tiene que representar, por un lado, la excusa para el heroísmo de los galos en tierras desconocidas y por otro el incipiente mensaje feminista que necesita su misma presencia y que acaba diluyéndose en favor de su mera presencia de interés romántica imposible para Obélix. Otro detalle positivo sobre el papel, sí, que contribuye a sumar elementos que podrían haber hecho de Astérix en América una película mucho más lanzada e innovadora de lo que fue. La corrección es, en realidad, su mayor baza, saber estirarse de una manera más o menos acertada durante todo su metraje y saber usar a los personajes de toda la vida en un nuevo escenario que sirva para ampliar la mitología de los galos en su lucha contra los romanos.
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