Guion: Étienne Davodeau.
Dibujo: Étienne Davodeau.
Páginas: 116.
Precio: 44 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Septiembre 2020.
Ya sabíamos de la facilidad con la que Étienne Davodeau sabe captar la realidad más cotidiana y humana. Nos lo había demostrado en Lulú, mujer desnuda (aquí, su reseña), Rural (aquí, su reseña) o Los ignorantes (aquí, su reseña). Corredores aéreos es un paso más. Y lo es porque, de alguna manera, Corredores aéreos quiere ser incluso más personal que las anteriores, en tanto cuenta la historia de un hombre de 50 años que ha sufrido varios golpes, que se queda sin trabajo, que su mujer se va a trabajar al extranjero, que no se habla con uno de sus hijos y que ha perdido a sus dos padres en el último año. Y en esta situación, una crisis de los 50 de manual, acaba pasando una temporada en casa de un amigo en un recóndito pueblo rodeado de nieve y tratando de lidiar con una soledad que no esperaba. Lo bonito es que Davodeau sabe hacer de este un proyecto comunitario, coloreado por Joub y enriquecido por las fotografías domésticas de Christophe Hermenier, que no hacen más que profundizar en los aspectos más íntimos de un relato que tiene su toque de tragedia, incluso de tragicomedia si queremos, pero que al final es un canto a la esperanza. Reflexiona sobre el paso del tiempo, sobre las relaciones que entablamos, sobre la ilusión que puede tener una persona que no sabe quedarse con nada de lo que ha ido amasando en el momento más crítico.
Davodeau siempre ha sabido crear personajes interesantes. Y sobre todo, conflictos que les den sentido. A veces son conflictos amables, otras veces no. En esa línea es en la que se mueve Yvan, que así es como se llama nuestro protagonista, un hombre con el que por momentos es fácil conectar pero que en otros instantes es hermético en su soledad. El autor juega con él para que nos demos cuenta de que la vida puede ser una razón para el disfrute o para el pesar, pero que al final el timón está en nuestras manos. Yvan se deja llevar, pero sabe reaccionar. Sufre y se deja caer, pero sabe levantarse, o al menos lo intenta. Davodeau hace que cada escena tenga significado y vaya conformando la catarsis que quiere representar en la vida de Yvan. Y aunque su ritmo pausado pueda hacernos pensar lo contrario, no hay nada puesto al azar en el tebeo. No se trata de imaginar una cotidianidad que no vaya más allá, sino que todos los elementos suman para que la mente de nuestro protagonista vaya atando cabos y sepa así entender en qué consiste esta crisis que está viviendo y que con tanto empeño se resiste a considerar como una depresión. Y es curioso que una historia sobre la soledad, que al final es de lo que se trata, tenga un número tan alto de personajes. Hay que saber escribir muy bien para que una cosa no contradiga a la otra, y Davodeau domina ese terreno.
También el del dibujo, claro está. Sin salirse de los parámetros de lo esperado para quienes conozcan su trabajo previo, y construyendo lo que da siempre la impresión de formar parte de un universo común para todas sus obras, vuelve a demostrarnos lo importante que es conectar con sus personajes. En ellos radica la clave de sus historias, y da gusto ver lo bien que funcionan ya desde un primer vistazo para entender no solo su personalidad sino también su momento. Corredores aéreos nos permite un fascinante ejercicio, que es el de analizar a Yvan en cada secuencia sin tener que leer los textos. No fallaremos mucho a la hora de interpretar lo que está pasando, y eso es algo que nos deja muy claro cuando prescinde de diálogos, siquiera para un par de viñetas, y el mensaje se transmite con la misma precisión. Las fotografías de Joub no hacen sino completar el mensaje de que estamos ante un maravilloso tebeo sobre el paso del tiempo, sobre los recuerdos, sobre todo aquello que vamos acumulando en nuestras vidas, material e inmaterial, y que llega un momento en el que ya no sabemos qué hacer con ello. Y sí, suene todo muy trascendental e incluso melancólico, pero Davodeau sabe darle la vuelta a todo eso y servirnos una tragicomedia de buen nivel. Como siempre, la verdad, nos tiene muy bien acostumbrados.
Futuropolis publicó originalmente Les couloirs aériens en septiembre de 2019. No tiene contenido extra.
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