Guión: Bastien Vivès, Martin Quenehen.
Dibujo: Bastien Vivès.
Páginas: 260.
Precio: 23,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Septiembre 2020.
Bastien Vivès se ha ganado durante los últimos años una muy merecida fama de autor complejo y visualmente atrevido, y Catorce de julio no es ninguna excepción. La fecha que da título a la obra no es casual, es la de uno de los peores atentados en la historia de Francia. Dejaremos en manos del lector que quiera investigar o no, recordar o no, las circunstancias de aquel hecho antes de leer esta novela gráfica, porque es algo que puede dar algunas pistas de hacia dónde se dirige una historia que es tan propio de sus inquietudes, como es habitual, y aunque Vivès en este caso coescriba con Martin Quenehen. Quizá la ambición temática que tiene Catorce de julio, que sí es algo más extraño en Vivès, que ha sabido moverse en universos fascinantemente íntimos, sí incorpora algunos elementos que pueden generar debate. Vivès arriesga bastante al mezclar temas muy diversos. El mosaico que construye es complicado, pero aún así fascina, incluso aunque parece que puede estar un peldaño por debajo de otras de sus obras, al menos en las conclusiones que puede dejar una primera lectura, en la que seguramente los claroscuros y los grises que tiene la historia quedan algo difuminados por la expectativa de que haya una conclusión. Cuando se ve todo el cuadro, todo parece aún más completo, pero es más exigente de lo habitual en algunos sentidos.
Y es que Vivès, como decíamos, siempre se ha manejado con una enorme soltura en historias más pequeñas que esta. Catorce de julio no es, en todo caso, un relato de escenario ambicioso, sus personajes se mueven en esferas muy parecidas a las habituales en su obra, pero se siente un poso mucho mayor, al menos en la premisa, que va dando un aire de gravedad a los sucesos que se van encadenando. Seguimos los pasos de un gendarme de un pequeño pueblo, de esos que están pendientes de cada pequeño movimiento que se produce en la zona y que se siente impulsado a averiguar más sobre cada visitante que llegue allí. Vivès describe su mundo interior con los silencios habituales, y juega a construir su historia desde bases que podríamos imaginar en cualquiera de sus mundos, pero sabiendo que en esta ocasión todo parece diferente. es quizá esa sensación, la que surge de conocer al autor, la que nos lleva a un terreno diferentes, pero el hecho de que no siempre alcancemos todo aquello que hemo sentido previamente con su narrativa no quiere decir que Catorce de julio no sepa contar una muy buena historia. Lo es, puede que con alguna página de más por el gusto que tiene Vivès de adentrarse en terrenos íntimos que rozan lo prohibido, y que son los que hacen imaginarse una conclusión muy distinta de la que ofrece su clímax.
Ahí está su riesgo, en que el autor se sale de su zona de confort. Pero, al mismo tiempo, tiene un trazo tan reconocible que es imposible no sentirse en casa en muchos de sus momentos. Vivès tiene la enorme cualidad de reflejar lo más intenso y complejo a nivel emocional con un dibujo muy sencillo en apariencia, que sabe expresar mucho más de lo que hay en un primer vistazo. Como siempre, es sobresaliente la forma en la que domina el blanco y negro y el minimalismo que impone a sus viñetas, en las que en muchas ocasiones prescinde del escenario. Y como nos tiene acostumbrados, sus personajes impresionan desde lo más cotidiano. Da igual que sea el gendarme permanentemente oculto tras sus gafas de sol, su compañera en la gendarmería o el hombre misterioso que llega a la región acompañado de su hija adolescente. Catorce de julio habla, desde luego, de un autor maduro que no le tiene miedo a nada, ni a temas complicados ni escenarios distintos a los que habitualmente nos ha mostrado en su carrera. Visualmente su narrativa es espléndida, como lo es siempre. Temáticamente es donde se asoma a terrenos algo más peligrosos, que lo son también por la extensión de este trabajo. Hay ambición, y eso nunca puede ser malo, aunque no siempre la controle. Y hay mucha intimidad, que es lo que hace de Vivès un autor fascinante.
Casterman publicó originalmente Quatorze juillet en marzo de 2020. No tiene contenido extra.
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