CÓMIC PARA TODOS

‘La casa en el confín de la tierra’, de Richard Corben y Simon Revelstroke

Editorial: ECC.

Guión: Richard Corben, Simon Revelstroke.

Dibujo: Richard Corben.

Páginas: 96.

Precio: 14,95 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Agosto 2020.

Casi sorprende que el nombre de Richard Corben tenga un tamaño inferior al del título de La casa en el confín de la tierra en la portada de esta adaptación de la obra de WilliamHope Hodgson, porque estamos ante un tebeo que es puro Corben, incluso aunque en ese trabajo  para trasladar las palabras del escritor al lenguaje del cómic haya contado con la ayuda de Simon Revelstroke. Puro Corben. Al cien por cien. Y eso quiere decir que estamos ante un cómic crudo y de una digestión compleja, porque pocos como él han entendido el terror de esta manera. Tiene una maestría tremenda en la conjugación de sombras y escenas más explícitas, y sabe dotar a su trabajo de un espíritu, de una atmósfera, de un algo casi sobrenatural que sobre entiende lo que está contando y lo que tiene que conseguir del lector. La lectura de la obra, que en buena medida respeta la narración original en forma de escrito dentro de la novela, se convierte en un ejercicio valioso a este lado de la página porque impone un ritmo inusual. El terror audiovisual exige rapidez, pero Corben propone algo muy distinto, pausado, casi enfermizo a la hora de recrearse en detalles que a veces parece que no estén ahí pero que sí forman parte de una manera muy particular de entender el género. Puro Corben, desde luego.

Y eso arranca incluso en la forma de contar la historia. Respeto absoluto a la narración original, contenida en una historia teóricamente contemporánea, en realidad atemporal, que abre la puerta a un universo aterrador, que es el que está contenido en el cuerpo central de la obra. Es un viaje a un inframundo de pesadilla que resulta difícil imaginar hasta que no estamos realmente metidos en él. El terror literario tiene la enorme ventaja de no depender de un susto concreto, como sí pasa en el cine, y por eso es importante destacar esa cualidad del trabajo de Corben y Revelstroke, porque La casa en el confín de la tierra es, por encima de todo, un trabajo que potencia lo atmosférico. Más que de ver el terror, aunque lo veamos, se trata de sentirlo, y ahí los cartuchos de texto juegan un papel fundamental. En primer lugar, porque impone un ritmo de lectura que casi parece contradictorio con las imágenes. No hay en la narración el frenesí que tiene la huida del protagonista en su descenso al infierno, pero sin embargo la hace sentir. No merece la pena que nos detengamos en tratar de explicarlo, cuando lo que se nos pide es algo emocional. Y esa experiencia la proporciona, alargando de una manera sensata e inteligente lo que en realidad es un relato más corto y con menos ramificaciones de lo que de verdad estamos sintiendo.

Corben, no obstante, es por encima de todo un autor visual, y lo es, además, con un estilo peculiar y reconocible, tosco y duro, no necesariamente amoldable a todos los paladares, pero en el que se siente una cualidad sobresaliente. El gusto que tiene por el detalle no solo para el acabado de sus dibujos sino como herramienta narrativa, la forma en la que da vida a las sombras para que sean un elemento más del terror que quiere provocar, su manera de plantear los escenarios para que tengan vida propia. Y el color, por supuesto el color, la guinda de este festival de horror que nos propone, un color cambiante e intenso. Hay que aceptar el estilo de Corben, eso sí, para entrar de lleno en La casa en el confín de la tierra. Y no significa eso que haya dudas sobre su eficacia, solo que no estamos hablando de un autor complaciente. No olvidemos, además, que las criaturas que diseña están pensadas para provocar rechazo inmediato, sin medias tintas, y eso provoca unas sensaciones que se escapan al límite de las viñetas. Con estos mimbres, es evidente que estamos ante un trabajo contundente y que sabe encontrar su camino hasta las emociones que quiere provocar en el terror, las directas de lo visual, que de eso ya se encarga el marcado trazo de Corben, pero también las emocionales y las psicológicas.

El volumen contiene los cinco números de The House on the Borderland, publicados originalmente por DC Comics en el año 2000. El contenido extra lo forman una introducción de Alan Moore y una página de bocetos.

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Esta entrada fue publicada en 27 octubre, 2020 por en DC, ECC, Simon Revelstroke y etiquetada con , , .

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