CÓMIC PARA TODOS

‘Capitán Tsubasa’ 1, de Yôichi Takahashi

Editorial: Planeta Cómic.

Guión: Yôichi Takahashi.

Dibujo: Yôichi Takahashi.

Páginas: 344.

Precio: 12,95 euros.

Presentación: Rústica con sobrecubierta.

Publicación: Septiembre 2020.

Da igual cómo llegáramos a su historia, que fuera con el título de Campeones, la serie de dibujos animados que revolucionó las tardes de los más pequeños en España cuando comenzaron las aventuras de Oliver Atom y Benji Price, o que lo hiciéramos con el original manga, Capitán Tsubasa, donde esos mismos muchachos se llamaban Tsubasa Özora y Genzo Wakabayashi. Da igual, porque lo importante es la magia que desprende, el cariño que denota hacia el fútbol, un deporte que, efectivamente, no se contaba entonces entre los mayoritarios en Japón pero que Yôichi Takahashi consiguió popularizar de una manera increíbles gracias a sus partidos interminable y a sus acrobacias imposibles no ya para los muchachos que protagonizan estas aventuras sino incluso también para futbolistas profesionales. Y ese halo de inverosimilitud se mezcla de una manera tan natural con las ilusiones de los niños que protagonizan este manga que resulta muy difícil no entrar en el juego que propone, incluso sin saber nada de fútbol o sin sentir aprecio alguno por este deporte. Ese es el gran mérito que tiene Capitán Tsubasa, que no deja de ser una aventura infantil maravillosa, emocionante mediante las reglas del deporte y que entre otras cosas se construye con unos personajes espléndidos, muy bien definidos y que no se limitan a aprovechar arquetipos.

Han pasado muchos años desde la publicación original de este manga, y seguramente muchos de los que se hayan asomado a él tengan además la influencia de la adaptación animada, pero es maravilloso comprobar que Capitán Tsubasa no ha perdido nada de fuerza con el tiempo. Al contrario, la gana porque la nostalgia sigue siendo un arma muy poderosa, y más en los tiempos que corren. Takahashi no se limita a hablar de fútbol, sino que, en realidad, está contando una historia de críos, la de uno que arranca la serie como un inadaptado, alguien que no tiene más amigo que el balón, y le convierte en un ídolo local. Tsubasa sobresale en su nuevo colegio por aquello que le convertía en un marginado en el anterior, el fútbol. Y se rodea de personajes notables que, además, son cambiantes. No hay más que ver cómo va moldeando a su antagonista, el portero Genzo, para que le vayamos entendiendo. No es solo el tipo a batir, sino alguien que va aprendiendo. Como todos los que rodean a Tsubasa, incluyendo esa antigua estrella del fútbol brasileño que añade el toque mítico de este deporte en un escenario tan exótico como este. Y luego están los partidos, claro, emocionantes, trepidantes, dinámicos. Imposibles también, desde luego, pero inolvidables porque llevan las reglas del fútbol a otro nivel.

Resulta evidente que las acciones sobre el terreno de juego son lo más espectacular y atractivo de Capitán Tsubasa, y en este primer volumen hay muchísimas con las que deleitarse. El gran acierto de Takahashi es que sabe aprovechar todas las posibilidades del deporte para añadir las virtudes del manga de acción. Las líneas cinéticas que rodean al casi siempre deformado balón o las carreras de Tsubasa y el resto de jugadores, y todavía impresiona la forma en la que convierte un partido de niños en el evento más importante del mundo, en el que cada instante está pensando para alcanzar un nivel climático y decisivo tremendo. Y no se puede dejar de lado la forma en la que, con una sencillez tremenda, crea la personalidad de cada uno de los personajes partiendo ya desde su aspecto. Y no se queda en la superficie, como se ve en la alegría eterna de Tsubasa que no impide que saque un gen competitivo con el balón en juego, no solo en los partidos sino incluso en los entrenamientos. Capitán Tsubasa sigue siendo una serie mágica, la mejor de su categoría e imitada hasta la saciedad. Pero eso es lo que pasa con los clásicos, y esta serie lo es. Tanto que es casi imposible leerla y no estar escuchando en la cabeza la música que acompañaba a la serie de dibujos. El manga se mueve, como poco, con la misma intensidad, y eso tiene un mérito impresionante.

Kyaputen Tsubasa comenzó a publicarse en la revista Weekly Shônen Jump en abril de 1981. No tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 8 octubre, 2020 por en Manga, Planeta DeAgostini, Yôichi Takahashi y etiquetada con , .

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