CÓMIC PARA TODOS

Cine – ‘Snowpiercer (Rompenieves)’, de Bong Joon-Ho

Título original: Snowpiercer.

Director: Bong Joon-Ho.

Reparto: Chris Evans, Song Kang-Ho, Tilda Swinton, Jamie Bell, Octavia Spencer, John Hurt, Ed Harris, Ewen Bremmer, Go Ah-Sung, Alison Pill, Vlad Ivanov, Luke Pasqualino.

Guión: Bong Joon-Ho, Kelly Masterson.

Música: Marco Beltrami.

Distribuidora: La Aventura.

Duración: 126 minutos.

Estreno: 1 de agosto de 2013 (Corea del Sur), 9 de mayo de 2014 (España).

Coger una obra de enorme prestigio dentro de la BD europea, convertirla en película en Hollywood con actores muy reconocibles y darle un toque de película oriental es una mezcla que resulta llamativa en sí misma. Eso es Snowpiercer (Rompenieves), una obra que sabe sobresalir a sus propios condicionantes, los que nacen de esta mezcolanza, para ser una muestra de ciencia ficción pesimista y oscura. Partamos del cómic (aquí, su reseña), muy sugerente propuesta de Jacques Lob y Jean-Marc Rochette que nos ponía en el futuro, con lo que queda de la humanidad encerrada en un tren kilométrico y que no se detiene nunca como único modo de supervivencia frente a las temperaturas polares que han devastado el planeta. Y ahora demos el salto al estilo de rodaje de Bong Joon Ho, que nos brindó una película hipnótica años antes de que el mundo se rindiera a él por Parásitos. La película, cierto es, añade un ambicioso planteamiento de lucha de clases que en el cómic no era del todo el elemento central, aún estando presente. Snowpiercer, el filme, es exactamente eso, la historia de una revuelta de las clases más bajas, y aunque el final de la película desvela algunas de sus irregularidades, lo cierto es que ese cambio le sienta de maravilla porque es lo que permite que estemos ante algo nuevo, fiel a lo original, pero cambiante en muchos sentidos.

Para empezar, da sentido a sus diferentes fases, lo que explica la estructura escogida. Cada vagón es un mundo nuevo. Ese es el objetivo de Snowpiercer, ir desvelándonos paso a paso cómo es la vida en el tren para las diferentes clases sociales. En ese sentido, Ho tiene la enorme habilidad de ir matizando lo que al principio parece una historia de blancos y negros, la sucia clase baja y la pulcra clase alta, en un universo lleno de imaginación y fantasía. Qué difícil se hace entender todo esto como parte de un único tren, que parece tener medidas diferentes en cada vagón, afectando a la realidad que pueda tener como película, pero qué fascinante resulta a la vez ir consumiendo etapas en esta carrera por llegar al vagón de cabeza. Son tantas las etapas, que la película da la sensación de ser mucho más larga de lo que es, y no precisamente porque genere aburrimiento, nada más lejos de la realidad, sino porque abre tantos caminos que resulta muy difícil separarse de esta lucha por la vida. Es verdad que el final, siempre lo más complicado en una historia de esta naturaleza, no está del todo a la altura, y al final da la sensación de que la película tiene más interés del debido en concluirlo todo, pero el viaje merece mucho la pena, por los temas que plantea la historia, por la ejecución de Ho y por el carisma de sus personajes.

Cierto es que muchos nacen del arquetipo. Desde el héroe que interpreta Chris Evans, muy alejado de su Capitán América, al muchacho que le sirve, un buen Jamie Bell, pasando por el clásico papel de mentor de John Hurt o la mesiánica aparición de Ed Harris, sin olvidar a una Tilda Swinton que ejemplifica como nadie la oscuridad que hay en el lujo de los vagones de cabeza. Pero son arquetipos muy bien llevadas porque son actores de talento. Incluso Octavia Spencer, que se queda probablemente con el papel más ingrato de todos porque no explota del todo como seguramente debiera, hace un muy buen trabajo. Y partir de ahí, todo queda en manos de Ho, que añade una iconografía salvaje, fascinante y diversas a cada una de las experiencias por las que pasa esta revuelta social, que sabe incorporar combates que casi se podría decir que beben de las apuestas de Oldboy y la vez otras secuencias que surgen de lo onírico. Es una apuesta valiente, que quizá descarrila, perdón por el chiste fácil relativo al tren en el que viajamos continuamente, cuando se analiza el detalle pero que en conjunto supone una experiencia muy entretenida y que aporta además elementos de sobra para que pensemos en el futuro que nos plantea, y en el que hasta nos creemos que una vía circular es la tabla de salvación del ser humano. O la de su perdición definitiva.

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Esta entrada fue publicada en 11 septiembre, 2020 por en Cine y etiquetada con , .

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