Guión: César Herce.
Dibujo: Meik Cobain.
Páginas: 64.
Precio: 16 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Julio 2020.
Lo sabemos pero no lo destacamos como seguramente debiéramos. La historia de España es rica y maravillosa, y eso la convierte en una fuente inagotable de personajes para construir relatos. Y sí, también para el cómic. Menos mal que siempre hay autores capaces de apostar por esta vía para hacer muy buenos tebeos, y eso es exactamente lo que tenemos entre manos con María Pita. César Herce y Meik Cobain firman una obra que tiene un objetivo fundamental, poner el foco sobre una heroína de nuestra historia, una seguramente desconocida para muchos pero que resultó fundamental para la defensa de los muros coruñeses al grito de “¡¡quien tenga honra que me siga!! Tiene gracia, porque no es la única frase memorable que utiliza Herce en su guion, y sin embargo las leemos con mucha más naturalidad de la que pudieran tener en otros contextos. Y esa es, quizá, la gran baza de María Pita, que se convierte en una historia contada con naturalidad, la de un asedio en la que toman parte una serie de personajes que resultan necesarios para cumplir todas las funciones dramáticas que necesita el relato pero en la que nunca nos sentimos forzados, incluso aunque conozcamos la historia real. Y siempre con la sensación de que se nos está narrando algo no solo muy entretenido sino históricamente bastante exacto.
Herce hace un trabajo bastante convincente porque conjuga francamente bien los dos aspectos fundamentales de María Pita. Por un lado, es un cómic histórico, que necesita recrear un momento bastante preciso con un intenso trabajo de documentación. Pero, por otro lado, es una historia que descansa mucho en el drama personal. Eso es lo que hace de este un cómic espléndido, porque la historia, de alguna manera, se puede contar de una forma demasiado académica, lo que puede alejar al lector que no esté tan interesado en la historia. Pero cuando se cuenta bien, la historia puede ser fascinante. María es un gran personaje. Pero no solo ella. Únicamente con María no habría funcionado tan bien como lo hace. Necesitamos la motivación de su hija, la trama de su nuevo matrimonio, el contexto social en el que vive entre el pueblo coruñés. Todo eso junto es lo que forja su carácter, y eso es lo que vemos desde la primera escena en la que aparece… o en la primera en la que se habla de ella. Que María funcione tan bien en escena como fuera de ella prueba que estamos ante un cómic muy bien hecho, y que además sabe aprovechar los momentos climáticos y también los que basan su fuerza en los diálogos, como la misma escena final, que habla de la enorme fortaleza de su personaje central.
El dibujo también destaca por su buen uso de la documentación. Cobain consigue introducirnos con bastante facilidad en la época en la que se ambienta la trama, jugando además con el retrato de los personajes que un historiador podría reconocer sin que eso suponga una traba. Sobre todo, lo que funciona por encima de todo es el retrato de María. No es una heroína al uso, y eso lo tenemos claro desde el principio. Bien apoyado por el trabajo de la colorista Angie Suárez, Cobain juega mucho con gestos serios y dramáticos, y consigue algo bastante inusual, y es que sintamos una empatía inmediata con un personaje casi siempre malencarado, el de María, incluso en las secuencias en las que todavía no se ha desatado el asedio. Eso compensa que las escenas de masas o incluso el uso de las onomatopeyas no den la sensación de que alcancen todo el potencial que podría haber permitido la historia, y que pesen mucho más los méritos que los puntos débiles de un cómic cuya lectura merece la pena. La merece porque es un episodio de nuestra propia historia con una gran fuerza dramática, pero también entendida en sentido contrario, como un relato muy bien construido a partir de una historia real. Que al cerrar la última página demos por sentada su precisión histórica es, seguramente, la mejor manera de decir que triunfa en lo narrativo y también en lo didáctico.
El contenido extra lo forman un prólogo de Javier Santamarta, un texto de César Hérce sobre la figura histórica de la que se habla en el tebeo y dos páginas a lápiz de Meik Cobain.
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