Título original: Fullmetal Alchemist.
Director: Fumihiko Sori.
Reparto: Ryôsuke Yamada, Tsubasa Honda, Dean Fujioka, Ryûta Satô, Misako Renbutsu, Yô Ôizumi, Kenjirô Ishimaru, Yasuko Matsuyuki, Shinji Uchiyama, Kanata Hongö, Natsuna, Fumiyo Kohinata.
Guión: Hiromu Harakawa.
Música: Reiji Kitasato.
Distribuidora: Warner.
Duración: 135 minutos.
Estreno: 1 de diciembre de 2017 (Japón).
Siempre se abre debate cuando un cómic salta a la gran pantalla en una versión de imagen real, sobre su fidelidad, su parecido al original de las viñetas, el porqué de los cambios que se hacen… Pero ese debate pocas veces encuentra más razones de ser que cuando se trata de un manga o un anime contado por personajes de carne y hueso. Y, la verdad, con razón, porque cuesta mucho encontrar adaptaciones que sepan marcar una diferencia. Fullmetal Alchemist es un triste ejemplo de que no es nada fácil conseguir una película de imagen real que sepa ser fiel al material de referencia y a la vez no se convierta en una simplona caricatura de lo que está contando. El principal problema que afronta el filme de Fumihiko Sori es doble. Por un lado, afronta la típica imposibilidad de resumir la historia del manga original en una película que apenas supera las dos horas. Por otro, y esto quizá es lo más importante, no consigue capturar su espíritu. Lo dramático no lo parece, lo divertido no lo es, y su factura es casi más propia de un fan film con ínfulas que la de una película que podamos tomar en serio. Está más que claro que Fullmetal Alchemist queda como una cinta curiosa, que tiene algunas escenas que quizá satisfarán al aficionado a la serie, pero que resulta difícil que anime a un espectador ajeno a esta mitología a asomarse a la fuente original.
Los problemas en todo caso de Fullmetal Alchemist no parten del hecho de ser una adaptación, sino de su misma esencia cinematográfica. Hay demasiados momentos en los que la película se acerca peligrosamente a la parodia. Las exageradas interpretaciones, de un reparto enteramente oriental, no ayudan en ese sentido a que funcione de una manera correcta y emocional el drama que tiene la historia y que para colmo sobre el papel parece bastante sólido, como podía serlo en el manga. Durante demasiados minutos perdemos de vista el foco emocional que tiene el relato y solo consigue convencer cuando recupera ese tono, cuando nos adentramos en la búsqueda de Edward Elric para encontrar una manera de recuperar el cuerpo de su hermano, perdido cuando trataban de devolver la vida a su madre mediante artes alquímicas. Ese mundo casi onírico, ese contrincante cuya forma no es más que humo es lo único que da verdadera satisfacción al espectador, porque es ahí cuando la historia convence y cuando visualmente, desde lo prácticamente minimalista, se pierde la noción de la escasa efectividad que tienen unos efectos especiales que no solo parecen de saldo sino que además afectan a las coreografías reales rodadas con personajes humanos e incluso entorpece el montaje de las secuencias de acción, cargadas de saltos a trompicones.
No hay demasiado margen para la celebración en esta adaptación de Fullmetal Alchemist, que no sabe aprovechar ninguno de los elementos que le ofrece el manga de Hiromu Arakawa, ni tan siquiera la armadura de Alphonse, cuya fidelidad al original en viñetas es tan grande que resulta complicado borrar de la cabeza la sensación de que se trata de un dibujo animado más que de un efecto digital realista. Con un guión algo menos ambicioso (porque eso, por lo menos, sí se ve en la enorme cantidad de personajes con significado que tiene la película) quizá podría haber resultado un producto más simpático y más fácil de digerir, porque sus más de dos horas de metraje se antojan excesivas no para lo que cuenta pero sí para lo que proporciona a nivel emocional o incluso en cuanto a satisfacción audiovisual, que por desgracia es bastante poco. Quizá, como decíamos, haya algo que no podemos ver y que dificulta sobremanera la adaptación a imagen real de un manga o un anime, algo que por cierto también le sucede al videojuego, porque son muy pocos los que han tenido una traslación decente al cine, pero lo cierto es que a Fullmetal Alchemist solo se le puede destacar su intención de ser tremendamente fiel a la letra de lo adaptado. El espíritu ya lo dejamos para otra ocasión.
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