CÓMIC PARA TODOS

‘Manifiestamente anormal’, de Max

Editorial: La Cúpula.

Guión: Max.

Dibujo: Max.

Páginas: 36.

Precio: 5,50 euros.

Presentación: Grapa.

Publicación: Junio 2020.

Cuando uno termina de leer Manifiestamente anormal, lo primero que piensa es lo a gusto que ha debido de quedarse Max. Panfleto y catarsis, dice a modo de subtítulo y entre paréntesis, y sin duda lo es, sobre todo lo segundo. Este pequeño tebeo es el exabrupto perfecto ante la situación que hemos vivido con la covid-19 y el confinamiento, es el grito que muchos podíamos pegar en nuestras casas pero que Max explica como nadie por todo lo que significa. Nadie se libra de su ira, de su azote, de su reflexión. Nadie. Y probablemente eso haga de Manifiestamente anormal el tebeo que todo el mundo querría hacer pero muy pocos se habrían atrevido a hacer. “Este panfleto ha sido como meterla y correrse al instante, sin más”, dice el autor en las viñetas finales. Pero quizá sea ese justo el valor que tiene. Es su momento de furia, uno con el que es tremendamente fácil identificarse, incluso aunque no se esté de acuerdo con la elección de todos los blancos que va añadiendo a su lista. Da igual. Lo que importa en Manifiestamente anormal es la emoción, las sensaciones que despierta, la idea de que estamos viviendo una situación que no controlamos en un mundo que nos tiene más que dominados y ante el que solo cabe el recurso del pataleo, sea en grupos de WhatsApp o en cómics como este quien tenga el talento para hacerlos.

Porque, ojo, que sea algo visceral no le resta eficacia narrativa, ni mucho menos. Max ha hecho arte de la sencillez, de sus personajes reducidos a líneas básicas y pocos colores, de una narración minimalista que es la que ha explorado en obras recientes como Rey Carbón (aquí, su reseña), y en este caso añade un empleo más amplio de la ruptura de la cuarta pared, porque lo que hace es soltarnos un discurso. Es un monólogo ante el que Max no quiere que haya una respuesta, al menos no verbal. Sí quiere remover nuestras conciencias, revolvernos el estómago si es preciso, pero desde el discurso. ¿Panfleto? Si lo queremos ver así, y seguramente los enemigos de su discurso así podrán hacerlo, somos libres de evaluarlo desde ese prisma. Pero no le quitemos valor a la sinceridad que emana de todas y cada una de sus páginas, palabras y dibujos. Como todo mensaje real, tiene sus peligros, y Max no los quiere esquivar. Lo que dice puede provocar un rechazo que atempera con su categoría narrativa. Eso es obvio. A lo mejor eso es la nueva normalidad aplicada al cómic que surgió durante el confinamiento. Queda por ver si estas páginas pierden vigencia con el paso del tiempo y el cambio de escenario, pero ahora mismo es algo que merece la pena leer, aunque solo sea por no aplicar ese olvido selectivo que tiene nuestra sociedad.

No tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 4 agosto, 2020 por en La Cúpula, Max y etiquetada con , .

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