Guion: Roberto Corroto, Álex Ogalla, Mateus Wisniewski, Esther Carrasco, Diego Guerra, Frank Forte, Sebastián A. Rizzo, Manuel Mota, Alfonso Bueno, Marcello Bondi, David Braña.
Dibujo: Ertito Montana, Alejandro Torres, Fran P. Lobato, Claudio Sánchez Viveros, Diego Guerra, J. C. Wong, Maco Pacheco, Manuel Mota, Santos Zaballos, Santipérez, Daniele Afferni, Rubén Gil.
Páginas: 80.
Precio: 9,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Junio 2020.
En la siempre precaria industria del cómic español hay logros que, no se sabe muy bien por qué, están algo ocultos. Cthulhu es uno de ellos. La revista sigue siendo la gran asignatura pendiente de nuestras viñetas, se reproducen los intentos continuos de revivir aquello que en los años 80 todavía tenía un enorme tirón, y aún así esta, que alcanza ya los 22 números y además en plena forma, no tiene seguramente el reconocimiento que merece. Y más todavía teniendo en cuenta que se trata de una publicación de género, que apuesta por la fantasía, el terror, el thriller y la ciencia ficción, que tiene números temáticos que se desgajan de la cabecera principal y que se permite el lujo de hacer entregas extraordinarias como el Especial psicópatas de su número 21 (aquí, su reseña) y que ahora tiene continuidad en esta nueva entrega. Y cuando uno cierra el libro no queda más remedio que reconocer que estamos ante una antología entretenida, imaginativa y con ideas atrevidas, por supuesto con los altibajos propios de una colección de relatos cortos pero con tantos aciertos que hay que rendirse a este tipo de publicaciones como lo que son, un soplo de aire fresco continuo que ayuda a conocer a un puñado de autores que tiene mucho que ofrecer, en este formato, desde luego, pero seguramente también en otros.
Este Especial psicópatas 2 cuenta con doce historias. Roberto Corroto y Ertito Montana abren el fuego con Bloody Benders, con su mala leche habitual aplicada al western más sucio. En Detector de mentiras, Álex Ogalla y Alejandro Torres se adentran en un sugerente policiaco de ritmo pausado, precisamente por eso interesante, e inquietante final. The Razor, de Mateusz Wisniewski y Fran P. Lobato, da la impresión de arrancar desde la inspiración de Sweeney Todd, pero escogen un camino distinto y que provoca un gran impacto con una conclusión que ojalá no llegara tan pronto. Esther Carrasco y Claudio Sánchez Viveros nos sumergen en Bad Beat en una particular partida de póker, no es una exageración decir que tiene un dibujo formidable y que el personaje principal femenino es sencillamente deslumbrante. Si hay una historia en este especial que tiene posibilidades de convertirse en un episodio cero esa es La contratista, en la que Diego Guerra nos introduce a una profesional que se asemeja bastante a una exorcista que el autor dibuja con seguridad y sexualidad a partes iguales. Mutación, de Framk Forte y J. C. Wong es probablemente el relato más turbio de esta entrega, una propuesta de ciencia ficción que entronca con facilidad en las facetas más oscuras de Metal Hurlant.
Tras una brillante ilustración de Miguel Almagro que resume a la perfección el concepto del psicópata que preside este volumen, pasamos a 9 meses, una sencilla historia de Sebastián A. Rizzo y Maco Pacheco que define a la perfección a la criatura que muestra. Rabia, de Manuel Mota, muestra un acertado uso del blanco y negro para adentrarse en un terror bastante atractivo. Alfonso Bueno y Santos Zaballos mezclan en Alimañas dos mundos muy distintos de una manera brillante, dibujada con un realismo que apabulla. Ogalla repite con Leyes naturales, esta vez con el brillante dibujo del siempre detallista Santipérez, una píldora muy turbia que juega con la mitología de La mosca y que quizá habría sido más contundente de no anticipar el final con su principio. Exhumación es otro de los relatos que bien podría tener una gozosa continuación, ya que Marcelo Bondi y Daniele Aferni juegan a mezclar terrores con una pizca de irreverencia. Y cierra esta entrega Sugar, de David Braña y Rubén Gil, en la que dos buenos personajes antagónicos se mueven en un escenario apocalíptico fascinante y muy sugerente. Cthulhu está, sin duda, en plena forma y estos doce relatos nos ponen en la siempre deliciosa situación de pedir más, de ansiar más, de esperar por más de estos relatos de género y de estos números de una revista que merece más presencia de la que tiene.
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