Guión: Dan Barry, Jan Sand, Bob Kanigher, Bill Finger.
Dibujo: Dan Barry, Paul Norris, Carmine Infantino, Fred Kida, Ralph Mayo, Sy Barry.
Páginas: 960.
Precio: 31,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2020.
Todo el mundo sabe quién es Flash Gordon, aunque probablemente no todo el mundo lo sepa por su trayectoria en el cómic. La muy emblemática película de 1980 (aquí, su crítica) o la inolvidable serie de dibujos animados hicieron que la mitología del personaje se instalara en el imaginario popular seguramente a niveles que Alex Raymond, creador de este universo, no habría imaginado. Quizá por eso tiene una importancia mayor que tengamos la oportunidad de recuperar el material clásico que hizo de Flash Gordon lo que es, que le abrió las puertas a esas versiones audiovisuales y que incluso lograron que George Lucas quisiera adaptar sus aventuras al cine antes de que constatar que no podía acceder a los derechos y lanzarse a crear su propia religión galáctica. Viene todo esto a cuento del recopilatorio de las tiras de prensa que llevan la firma de Dan Barry, las de mediados de los años 50, unas en las que nos olvidamos de Ming, de Mongo y de todo lo más frecuente en las aventuras del personaje para dar paso a un mundo futurista en sí mismo (¡Dale Arden tiene su propio cohete, como si fuera el segundo coche familiar!) y con trepidantes historias, ajustadas al ritmo que necesita una tira diaria y con la personalidad suficiente como para que se encuentren entre las mejores historias del personaje.
La clave hay que buscarla en el propio Flash. Barry le convierte en un héroe mucho más rocoso de lo que había sido hasta entonces. Le encuentra debilidades propias y le coloca en situaciones en las que casi llega a ser más víctima que héroe, como cuando le da una fuerza sobrehumana que le obliga a exiliarse al espacio para no hacer daño a nadie. Cierto que su arranque es una larga historia en la que pone sobre la mesa una aventura con demasiados parecidos con su viaje original a Mongo, pero con otro adversario que es un claro sosias de Ming, pero poco a poco va convirtiendo la serie en algo diferente, apto para todo tipo de lectores, de cualquier edad y condición, algo más aventurero pero a la vez con un toque de cierta oscuridad vital que se refleja hasta en las situaciones más cotidianas, como la imposibilidad de Flash de llegar a pedirle a Dale que se case con él, aunque a veces sea por circunstancias ajenas a su voluntad. Sin perder nada de ritmo, ni siquiera por la siempre curiosa necesidad que se marcaba la tira de prensa de recuperar parte de la acción pasada para que el lector no se dispersara, Flash Gordon entró con Barry en una dimensión nueva y diferente. Y por supuesto, jugando también con la faceta de héroe desinteresado del protagonista y su condición de galán irresistible para las mujeres más peculiares.
Al final son elementos que funcionan en Flash Gordon, y es algo que explotan bien tanto Barry como sus coescritores, entre los que por ejemplo figura Bill Finger, cocreador de Batman. Y lo mismo sucede con el dibujo. Bajo la firma de Barry se esconden también otros ilustradores como Carmine Infantino, lo que puede dar una idea de la brillantez que tiene el dibujo de este volumen. Siempre es de admirar que se pueda contar tanto y con tanto detalle en unas tiras con viñetas de un tamaño tan reducido y con los tiempos de entrega tan justos que debía tener una serie diaria. Flash luce majestuoso, incluso con sus debilidades humanas, y los secundarios son perfectamente reconocibles, Dale y Zarkov sobre todo. Los mundos alienígenas que imagina son fantásticos, incluso aunque todos ellos expongan habitantes de aspecto humano, y la aventura es espléndida en todo momento, también en las secuencias de acción. Dan Barry aportó a Flash Gordon un agradable soplo de aire fresco, revitalizó una serie ya para entonces mítica y dio espacio para que el universo de su protagonista pudiera expandirse. Es un tebeo de los años 50, no lo olvidemos, y se lee hoy con el mismo agrado que seguramente provocó entonces. Pocos elogios hay más contundentes que el de la resistencia al paso del tiempo en una aventura de ciencia ficción.
El volumen incluye las tiras de prensa de Flash Gordon publicadas entre 1953 y 1955. El contenido extra lo forman una introducción de Rafael Marín y una galería de ilustraciones de Al Williamson, Dave Cockrum, Barry Windsor Smith, Frank Frazetta, Bruce Timm, Tom Yeates y Stanley Pitt.
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